Experiencia En La Secta (II)

Steven Hassan.

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3. Mentalidad elitista.

A los miembros se les hace sentir que forman parte de un cuerpo de élite de la humanidad. Este sentimiento de ser especial, de participar en los actos más importantes de la historia humana como parte de una vanguardia de creyentes comprometidos, es él fuerte vínculo emocional que mantiene a la gente haciendo sacrificios y trabajando al máximo.

Como comunidad, sienten que han sido escogidos (por Dios, la historia o cualquier otra fuerza sobrenatural) para sacar a la humanidad de las tinieblas y conducirla a la nueva era de los iluminados, Los adeptos tienen un gran sentido no sólo de su misión sino también de su lugar especial en la historia, y están convencidos de conseguir el reconocimiento de las generaciones futuras por su grandeza. En los Moonies nos decían que se erigirían monumentos y se darían nuestros nombres a lugares históricos para conmemorar nuestra memoria y nuestro sacrificio.

Resulta irónico que los miembros de una secta miren por encima del hombro a los adeptos de los otros grupos. Son muy rápidos en percatarse de que: «Aquellos están en una secta», o «A ellos sí que les han lavado el cerebro». Son incapaces de desmarcarse de su propio entorno y contemplarse a sí mismos de forma objetiva.

Estos sentimientos de elitismo y predestinación, sin embargo, conllevan una pesada responsabilidad, pues les dicen que si no cumplen a conciencia con sus obligaciones, le están fallando a la humanidad.

El miembro de base se muestra humilde ante sus superiores y los reclutas en potencia, pero arrogante frente a los extraños. A casi todos los miembros les han dicho en el momento de su adhesión que llegará un día en que se convertirán en líderes. Sin embargo, los ascensos se conseguirán tan sólo con un rendimiento notable o mediante el compromiso político. Pero al final, por supuesto, la élite que ostenta el poder real sigue siendo reducida. La mayor parte de los adeptos no llegan nunca a ser líderes, sino que permanecen entre los miembros de base.

Pese a ello, se consideran a sí mismo mejores, con más conocimientos y más poderosos que cualquier otro ser en el mundo. Como resultado, a menudo los miembros se sienten más responsables de lo que han sido en toda su vida. Caminan como si tuvieran que soportar sobre sus hombros el peso del mundo. Los adeptos no entienden lo que quieren decir los foráneos cuando afirman que no hay que intentar escapar de la realidad y de la responsabilidad afiliándose a una secta. (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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