El Opus Dei Cambia Su Historia

Incitatus.

Hace diez años se produjo el tremendo escándalo de la beatificación [de Escrivá] . Porque en la causa canónica se llamó a declarar sólo a los “favorables”. Se excluyó sin contemplaciones a los críticos, entre los cuales había personas de la inmensa talla moral del arquitecto Miguel Fisac, un personaje de una integridad moral irreprochable al que el propio Monse [Escrivá] debía literalmente la vida, puesto que fue Fisac, con el dinero de su padre y con su esfuerzo personal, quien ayudó a aquel curilla medio histérico y medio visionario a pasar, en la guerra civil, del lado republicano al lado franquista. Ah, pero eso no aparece en ninguna de las biografías oficiales de Monse. ¿Por qué? Pues porque Fisac terminó saliéndose del Opus en los años 50, ¡cuando era él quien había contribuido más que nadie a financiarlo en sus inicios!

Jamás se lo perdonaron. Lo han perseguido siempre, han tratado de hacerle la vida imposible, quitarle trabajos, anularle proyectos profesionales, derribarle edificios, arruinarlo… hasta hoy mismo, cuando Fisac, casi nonagenario ya, católico a machamartillo, seguidor inexorable de la máxima evangélica (“La verdad os hará libres”), sigue vivo y con la cabeza clarísima. Pero es que lo borraron de la historia. Lo eliminaron de la verdad de los hechos. El nombre de Fisac ni siquiera aparece en las biografías oficiales (hagiografías, más bien) de Monse.

Cuando en esos libros vergonzosos (Vázquez de Prada, Inés Sastre, Salvador Bernal, tantos otros) se habla de quiénes iban con Monse en aquel tremendo viaje, se hace la relación de todos… y, en el mejor de los casos, de un estudiante que les acompañaba. Ah, caramba, pues ése era Fisac. El que ponía el dinero. El único sin el cual toda aquella epopeya que salvó la vida de Monse no hubiera sido posible. Y lo borran de la historia, lo laminan, lo suprimen como si no hubiera existido… Porque luego se salió del Opus.

Es la traición más miserable, la crueldad mayor, la bajeza más abyecta, la ruindad peor que se puede concebir en un historiador o en un biógrafo: que sepa qué pasó y quién lo hizo, y que no lo cuente porque no le dejan los canallas inquisidores que dirigen la secta y que pretenden además dirigir la historia, determinar qué ocurrió y qué no, según su santa voluntad… o porque él mismo, sectario, fanático, cómplice, secuaz, se pliegue a sus “correcciones fraternas” de todo corazón y con toda su alma envenenada (La Fiesta De ‘Monse’. Incitatus).

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