Experiencia En La Secta (I)

Steven Hassan.

¿Cómo es la experiencia de vivir en una secta destructiva que utiliza el control mental? ¿Qué se siente? ¿Qué se piensa?

Dado que existen tantos tipos diferentes de sectas que practican el control mental, sería imposible describir las creencias y prácticas de cada una. La mejor manera para obtener datos de un grupo concreto es localizar a un ex miembro, o al menos buscar un relato escrito por un ex miembro. Un pariente preocupado puede aprender la jerga especial de un grupo en particular y sus palabras en clave. Los ex miembros son una gran fuente de información, porque nadie mejor que ellos conoce la experiencia de vivir en una secta.

A pesar de que las sectas destructivas pueden presentar diferencias individuales, hay ciertos temas de la pertenencia a una secta que son más o menos universales. Y al decir «temas» me refiero a los aspectos de la enseñanza en el grupo, a su vida social, y a las creencias que se convierten en factores poderosos en -y de hecho determinan- la vida diaria del adepto. Desde luego, el grado en que estos temas influyen en las personas depende de la fortaleza del vínculo (¿vive con el grupo o tiene su propia casa?), de cuánto tiempo hace que es miembro y de cuál es el nivel jerárquico que ha conseguido. Para la mayoría de los adeptos, los siguientes temas estarán muy próximos a sus propias experiencias.

1. La doctrina es la realidad

No hay lugar en un entorno de control mental para considerar las creencias del grupo como simple teoría, o como un medio para interpretar o buscar la realidad. La doctrina es la realidad. Algunas sectas llegan tan lejos que enseñan que todo el mundo material es una ilusión, y en consecuencia todos los pensamientos, deseos y acciones (excepto los prescritos por la secta) no tienen existencia real.

Las doctrinas sectarias más eficaces son, en palabras de Eric Hoifer, «aquellas que son inverificables y no evaluables». Pueden ser tan intrincadas que se necesitaría años de esfuerzos para ponerlas en claro. (Pero, desde luego, no hay tiempo disponible, porque para entonces los novicios ya han dejado de estudiar la doctrina y han sido destinados a fines más prácticos, como salir a recaudar fondos y reclutar adeptos.) La doctrina debe ser aceptada, no comprendida. Así pues, la doctrina debe ser vaga y global, a la vez que lo bastante simétrica como para que parezca congruente. Su poder proviene de afirmar que hay una sola y única verdad que lo abarca todo.

Dado que el control mental se basa en la creación de una nueva identidad en el individuo, la doctrina sectaria requiere siempre que la persona desconfíe de sí misma. La doctrina se convierte en el «programa maestro» de todos lo pensamientos, sentimientos y acciones. Y puesto que es la VERDAD, perfecta y absoluta, cualquier fallo que se detecte se atribuye a un reflejo de las propias imperfecciones del creyente. Se le enseña que debe seguir las fórmulas prescritas aunque en realidad no las comprenda. Al mismo tiempo, se le dice que debe intentar esforzarse más en su trabajo y tener más fe para poder llegar a comprender la verdad con mayor claridad.

2. La realidad es blanca o negra, el Bien contra el Mal

Incluso las doctrinas sectarias más complejas, en última instancia, reducen la realidad a dos polos básicos: blanco o negro; bueno o malo; mundo espiritual o mundo físico; nosotros o ellos.

Jamás hay lugar para el pluralismo. La doctrina no permite que ningún grupo exterior sea reconocido como válido (bueno, creyente, etc.) porque significaría una amenaza al monopolio que la secta ejerce sobre la verdad. Tampoco hay lugar para la interpretación o la desviación. Si la doctrina no le ofrece una respuesta directa, el adepto debe formular la pregunta a un líder. Si éste no tiene una respuesta, siempre puede eludir la pregunta calificándola de poco importante o improcedente.

Los demonios domésticos varían de un grupo a otro. Pueden ser instituciones políticas o económicas (comunismo, socialismo o capitalismo), los profesionales de la salud mental (psiquiatras, desprogramadores) o entidades metafísicas como Satanás, los espíritus, seres extraterrestres, e incluso las crueles leyes de la naturaleza. Se da por cierto que los demonios se han apoderado de los cuerpos de padres, amigos, ex miembros, periodistas, y de todo aquel que critique a la secta. Las «grandes conspiraciones» que trabajan para acabar con el grupo son, desde luego, la prueba de su gran importancia.

Algunas sectas practican la paranoia psíquica, pues asegura a sus adeptos que los espíritus les observan continuamente, y que pueden llegar incluso a apoderarse de ellos cada vez que sienten o piensan en desacuerdo con las normas de la secta. Un líder de los Moon llevó a centenares de miembros a presenciar la proyección de El Exorcista, que muestra horribles escenas de posesión demoníaca. Después les dijo que correrían la misma suerte si alguna vez pensaban en abandonar el grupo. Esta película fue un magnífico medio para la inducción de fobias (Steven Hassan, Combatiendo el control mental de las sectas. Capítulo 5).

(La lectura de este libro fue lo que me sacó del Opus Dei. Iván).

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