La Novela Histórica «Opus Dei»

Ivan de ExOpus, 25-11-2006

Publicado también en «OpusLibros»

«En mayo de 1935 don Josemaría hizo, con dos de sus hijos, una romería a la ermita de la Virgen de Sonsoles, cerca de Ávila.». (El fundador del Opus Dei. Peter Berglar. Pág. 101.)

En la casa central de la Obra de Roma se conserva un haz de espigas, perfectamente granadas, que los realizadores de tal romería recogieron en aquella ocasión. Se encuentra expuesto en un lugar privilegiado de dicha sede, y su foto ha sido difundida en Crónica (revista interna para los varones del Opus Dei), que es en donde yo la vi.

Cuando me topé con esa fotografía hubo algo que me chocó, y pregunté a un numerario que había formado parte del equipo que transcribió la historia de la Obra para adjuntarla en el proceso de beatificación del Fundador.

Le comenté que en las zonas más templadas de España la siega del trigo comenzaba a partir de la segunda quincena de julio, más tarde aún en Ávila, ya que al ser una de las ciudades más frías de Europa las gramíneas tardan más en desarrollarse (en el mes de mayo de la primera mitad del siglo pasado todavía se encontraba nieve en los campos de esa región). En esas circunstancias es imposible encontrar espigas de trigo no sólo granadas y secas sino medianamente crecidas. Por tanto, ¿cómo es posible que el Padre pudiera recoger esas espigas ya maduras, listas para ser segadas, cuando en ese mes no las hay en Ávila?

Su respuesta fue:

—Esa es una de las grandes incógnitas no resueltas que se han planteado los exegetas de la Obra. Encontrar en mayo espigas totalmente maduras en Ávila es un hecho al que no han podido dar una explicación lógica. La solución se la han llevado a la tumba el Padre y los otros protagonistas.

Y al final de sus palabras hizo con la cara un gesto que interpreté como que algo milagroso acompañó al hecho de que las hallaran allí fuera de tiempo.

Es imposible que ocurriera «el milagro de las espigas», porque si no en la Obra nos lo habrían restregado por activa y por pasiva, tanto en vida del Fundador como tras su muerte, tal y como se hace con la rosa de madera que descubrió en Rialp durante el paso por los Pirineos. Nos habrían contado algo parecido a «el Padre encontró en la primera romería un manojo de espigas de trigo totalmente maduras en medio de un campo en el que el resto tan sólo despuntaba. El Padre, ante tal prodigio, se puso de rodillas y con arrobo las cortó una a una, mientras veía en ese hecho extraordinario la voz de Dios que le comunicaba…».

Como eso no ha ocurrido, como en la Obra nunca se ha hecho hincapié en lo extraordinario de esa siega, hay que pensar en lo más sensato: que al estar el Fundador tan acostumbrado a deformar multitud de aspectos de su biografía, en esta ocasión no se dio cuenta de que en aquel peregrinaje no podía haber trigo maduro, por lo tanto no fue consciente de que estaba fuera de lugar el añadir a esta historia las espigas que recogió en otro momento para añadirlas a su versión de aquella peregrinación (quizás para materializar con ellas el «mito» de la primera romería).

Veamos una descripción de otro filón de alteraciones históricas realizadas por los de la Obra:

«Hace diez años se produjo el tremendo escándalo de la beatificación. Porque en la causa canónica se llamó a declarar sólo a los “favorables”. Se excluyó sin contemplaciones a los críticos, entre los cuales había personas de la inmensa talla moral del arquitecto Miguel Fisac, un personaje de una integridad moral irreprochable al que el propio Monse [el Fundador del Opus Dei] debía literalmente la vida, puesto que fue Fisac, con el dinero de su padre y con su esfuerzo personal, quien ayudó a aquel curilla medio histérico y medio visionario a pasar, en la guerra civil, del lado republicano al lado franquista. Ah, pero eso no aparece en ninguna de las biografías oficiales de Monse. ¿Por qué? Pues porque Fisac terminó saliéndose del Opus en los años 50, ¡cuando era él quien había contribuido más que nadie a financiarlo en sus inicios! […] Cuando en esos libros vergonzosos (Vázquez de Prada, Inés Sastre, Salvador Bernal, tantos otros) se habla de quiénes iban con Monse en aquel tremendo viaje, se hace la relación de todos… y, en el mejor de los casos, de un estudiante que les acompañaba. Ah, caramba, pues ése era Fisac. El que ponía el dinero. El único sin el cual toda aquella epopeya que salvó la vida de Monse no hubiera sido posible. Y lo borran de la historia, lo laminan, lo suprimen como si no hubiera existido… Porque luego se salió del Opus.» (La Fiesta De ‘Monse’, Incitatus. 05/10/2002.)

Lo que se relata más arriba es un hábito de conducta normal en la Obra. Por una parte excluyen a quienes puedan decir verdades suyas que les hace sombra; y por otra, no existen para ellos los que dejan la Institución, ni se les reconocen los servicios prestados, ni merecen alabanza alguna, ni siquiera se les nombra en sus escritos.

Sí san Josemaría y sus incondicionales han alterado la historia mintiendo en algo tan físico y «tonto» como es colocar fuera de tiempo y lugar unas espigas de trigo, o sí eliminan de su vida a quienes dejan la Obra y a sus críticos; entonces, ¿qué no habrán inventado, deformado y suprimido de lo subjetivo o imposible de documentar, tanto de la biografía del Fundador como del desarrollo del Opus Dei, tal y como son las visiones, las anécdotas, las fechas fundacionales, las «circunstancias favorables», los milagros, las «historias edificantes»…?

Según el diccionario de la RAE, novela histórica es una «obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres; y que desarrolla su acción en épocas pasadas, con personajes reales o ficticios.».

Como la historia de la Obra que hacen los suyos se corresponde con lo marcado más arriba, hemos de concluir que dicha historia del Opus Dei es en realidad una novela histórica.

exopus-tomates-72.jpg

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