Para Dejar el Opus Dei No Es Necesaria la Dispensa de su Prelado

junio 17, 2007

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Iván de ExOpus, 12 de agosto de 2005

El pasado día 20 de julio [2005] AC escribió una carta a Opus Libros, que a continuación extracto:

[...] Mi pregunta es: ¿qué vinculación jurídica tiene realmente un miembro con el Opus Dei, ya sea numerario, supernumerario, etc.? Es decir, si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta y hace un nuevo testamento sin contárselo a nadie, o si le es denegada la dispensa, o sencillamente solicita la dispensa pero la respuesta se demora: ¿cuál es su situación jurídica? ¿Tiene algún tipo de responsabilidad civil hacia el Opus Dei? ¿Puede ser obligado a regresar? Formulándolo al revés: ¿qué responsabilidades y compromisos legales se adquiere con el Opus Dei al ser aceptado como miembro, prestar los juramentos, etc.? Pregunto por la situación jurídica y civil, y no por la situación religiosa, porque yo creo que Dios está por encima de toda “burocracia espiritual”.

Mi mujer fue agregada y nos conocimos poco después de que ella le hubiera escrito al Prelado la carta de dispensa y antes de recibir contestación suya. En previsión de que esa dispensa no llegara antes de la fecha de nuestra boda, le comentamos esa inquietud al sacerdote amigo (no del Opus Dei) que nos iba a casar, y su respuesta fue la siguiente:

Obtened de la parroquia en donde os bautizasteis vuestro respectivo certificado de bautismo. Ese es el único documento oficial de la Iglesia para cada fiel y en él figura la situación jurídica de cada católico con respecto ella. Si en ese certificado no aparece ningún impedimento por parte de la Iglesia para que os podáis casar, yo os caso al día siguiente, con la dispensa del Prelado del Opus Dei o sin ella; porque la Iglesia está por encima del Opus Dei y de su Prelado, y si en ese documento la Iglesia me dice que no tenéis carga alguna con respecto a ella que os impida contraer matrimonio (como puede ser estar ya casados, haber hecho votos públicos, ser sacerdote, etc.), el Prelado del Opus Dei no pinta nada en este asunto y podéis casaros cuando os dé la gana…

Sacamos esos certificados y, en efecto, en ninguno de los dos aparecía dato alguno de pertenencia (pasada o presente) al Opus Dei, por lo que no había ningún impedimento para contraer matrimonio; y nos habríamos casado sin la dispensa del Prelado del Opus Dei si no hubiera sido porque él se nos adelantó y antes de la boda le concedió a mi mujer la dichosa dispensa.

Pero, ¿eso por qué es así? ¿Por qué la Iglesia no pone impedimentos a un numerario/a o agregado/a (célibes del Opus Dei) para que puedan casarse?

Creo que la respuesta a esa pregunta la encontramos en el canon 294 del Código de Derecho Canónico:

Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular.

Es decir, que los diáconos y presbíteros de la Prelatura Personal del Opus Dei son los únicos miembros de ella que reconoce la Iglesia como tales, y en el certificado de bautismo de ellos si que figurará que son miembros del Opus Dei.

Y al resto de las personas del Opus Dei (numerarios/as, agregados/as y supernumerarios/as) ¿qué estatus jurídico les concede la Iglesia en relación con la Prelatura?

Para responder a la pregunta anterior leamos lo que la propia Iglesia dice en el canon 296 de su Código de Derecho Canónico:

Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella.

Los estatutos, que nombra ese canon, son de categoría inferior al Código de Derecho Canónico por lo que no pueden contradecirle. Así pues:

1 –La Iglesia permite que los laicos puedan dedicarse al Opus Dei

2 –como simples cooperadores (cooperación)

3 –mediante contratos (acuerdos ) establecidos entre ambas partes.

Dicho de otra manera, aquello que el Fundador del Opus Dei decía de que la vocación a la Obra es la gracia más grande que Dios puede concederle a un mortal y que sólo se halla por encima de ella el don de la fe, es posible que la Iglesia le dé la razón, pero sólo aplicado a los clérigos (presbíteros y diáconos) de la Obra, pero no para el resto de los laicos de la Prelatura. Según la Iglesia los laicos del Opus Dei son simples cooperadores que no han recibido otra gracia de Dios fuera de la del bautismo, por el cual se hallan habilitados para cooperar con los clérigos en las obras apostólicas que ellos promuevan. Por ello, según el gusto de cada uno, se puede cooperar con los jesuitas, con los agustinos, con la parroquia… o con el Opus Dei, sin que la Iglesia encuentre diferencia alguna entre ninguno de esos tipos de cooperación..

Como un contrato de cooperación dura hasta que una de las partes decide romperlo, basta que el agregado/a, numerario/a o supernumerario/a, comunique a su director/a que rompe el acuerdo con el Opus Dei para que en ese mismo momento la relación contractual quede disuelta, sin que para ello sea precisa dispensa alguna por parte del Prelado.

Esto lo sabe muy bien el Opus Dei cuando es él quien rompe la relación: Te dice que te echa ¡y ya está!, empuja al sujeto hacia la calle obligándole a que se vaya con una mano atrás y otra alante, sin que para ello sea preciso esperar a que la persona echada le conceda al Prelado del Opus Dei la dispensa de su vínculo contractual con él.

Para la Iglesia no hay diferencia entre la señora jubilada que ayuda tres horas a la semana a los clérigos de su parroquia llevándoles la contabilidad, con el numerario director de un centro que ayuda con dedicación completa (veinticuatro horas al día durante todos los días de su vida, con celibato incluido) a los clérigos del Opus Dei (únicos miembros de derecho de esa prelatura), porque para la Iglesia tanto esa señora jubilada como el numerario son simples cooperadores de entidades clericales (diócesis y prelatura personal, respectivamente). Y por ser ambos simples cooperadores de sacerdotes es por lo que en el certificado de bautismo de ninguno de los dos aparece referencia alguna a su cooperación, pues para la Iglesia es algo jurídicamente tan insignificante que carece de entidad para ser reseñado en un documento oficial suyo. Y si esa señora jubilada un buen día le dice a su párroco: “A partir de mañana no vengo más a ayudarles porque tengo que atender a mis nietos”, desde entonces ya no vuelve más, sin que la Iglesia penalice a esa señora, y sin que haya necesidad de que el obispo de su diócesis tenga que concederle a esa buena mujer dispensa alguna de su contrato de cooperación; de la misma manera, el numerario director del centro puede decirle al sacerdote superior más cercano (director de su Delegación, si ese es el caso): “A partir mañana no vengo más a cooperar con vosotros porque no me da la gana hacerlo” y desde entonces no vuelve más, sin que la Iglesia le penalice, y sin que tampoco haya necesidad de que el Prelado del Opus Dei tenga que concederle a ese buen católico, antes numerario y director de un centro, dispensa alguna de su cooperación con la Prelatura.

Para la Iglesia esto es así, tal y como hemos visto arriba, y en cuestiones eclesiales la voz de la Iglesia es la única que importa, no la de cualquier otro, aunque sea el máximo dirigente del Opus Dei.

Y si el Opus Dei complica y retuerce este asunto hasta la saciedad (haciendo ver que es necesaria su dispensa para poder dejarlo, o que quien no ha hecho la fidelidad tan sólo puede marcharse el 19 de marzo siguiente) es simplemente porque uno de los tres puntos que determinan el plano de la supuesta santidad del Opus Dei es “la santa coacción” (punto 387 de Camino), y se inventan la artimaña de que es necesario que el Prelado del Opus Dei te conceda la dispensa de tus compromisos para así poder aplicar a sus anchas esa coacción contigo durante los tres meses, el año o más tiempo aún, que tarda el Prelado en concederte esa dispensa innecesaria; o durante el lapso de tiempo que media desde que alguien se quiera ir hasta el 19 de marzo siguiente, en el caso de no haber hecho la fidelidad todavía.

A partir del momento en el que cualquiera de las dos partes contratantes (individuo o Prelatura) rompen su acuerdo, cesan los derechos y obligaciones mutuos. Esto lleva a que desde el instante en el que un numerario/a, agregado/a, supernumerario/a, comunica de forma verbal o por escrito su deseo de dejar la Obra queda ipso facto liberado de sus compromisos con ella.

Digo que esa comunicación de ruptura con la Obra puede ser también verbal porque esa es la manera en la que el Opus Dei lo hace siempre: nunca le da a nadie documento escrito alguno de su dispensa (ni de nada); y si una de las partes de la relación contractual actúa así, con ello permite implícitamente que la otra obre de igual manera, porque ambas partes contratantes deben tener los mismos derechos y obligaciones, cuanto menos, en los aspectos administrativos de su relación.

Un director del Opus Dei podría responderme a lo anterior con algo parecido a lo siguiente:

Es necesario que la comunicación de ruptura por parte del interesado con el Opus Dei se haga por escrito para evitar situaciones de confusión. Imaginemos que alguien dice que se va de la Obra y al cabo de un año vuelve contando que ha olvidado que en su momento rompió verbalmente con la Prelatura y que por ello sigue aún en ella. ¿Cómo resolver esa situación si no ha quedado un documento escrito de esa persona en el cual ella pide, de su puño y letra, que quiere dejar el Opus Dei? Si la decisión de abandonar el Opus Dei fuera verbal la gente estaría continuamente yéndose y después volviendo, a su antojo. Por eso ha de hacerse siempre por escrito.

Contesto:

1 –Desde el momento en el que el Opus Dei responde sólo verbalmente, y no por escrito, está autorizando también a que la otra parte actúe de la misma manera. Si quiere que no exista ese estado de confusión del que habla, lo que el Opus Dei tiene que hacer es responder también por escrito, mientras no lo haga así está facultando a la otra parte a poder romper del mismo modo: de forma verbal.

2 –Por otra parte, si según la Iglesia los laicos son tan sólo cooperadores del Opus Dei, ¿qué importancia tiene que dejen de cooperar durante un año y que entonces vuelvan a hacerlo de nuevo?, ¿por qué no admitirlos entonces?, ¿no tendría el Opus Dei que estar encantado de recibir de nuevo su ayuda?, ¿no supondrá una soberbia institucional el rechazar su contribución?

Si el Opus Dei niega al que deja de cooperar con ella como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a que vuelva otra vez a ayudarle como tal, ese es un problema del Opus Dei del que posiblemente tendrá que rendir cuentas a Dios por el daño que esa actuación pueda significar para las almas que se beneficiarían de esa cooperación; pero eso no supone que quien deja de cooperar con el Opus Dei, como numerario/a, agregado/a o supernumerario/a, tenga que romper su contrato de forma escrita tan sólo para adaptarse a ese capricho institucional de la Prelatura.

Pienso que con todo lo anterior he dado una contestación global a las preguntas de AC que figuran al principio de este escrito, pero quiero finalizar respondiendo de manera concreta a una de ellas:

¿[Qué pasa] si un numerario, de pronto, se marcha a vivir por su cuenta, sin dar más explicaciones y sin escribir ninguna carta?

Contesto con un silogismo:

1 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un cooperador laico abandone a los clérigos a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

2 –Como el Opus Dei está compuesto sólo por clérigos (canon 294) y un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a del Opus Dei es tan sólo un cooperador laico que ayuda a los clérigos de esa Prelatura, entonces:

3 –Para la Iglesia es anecdótico, y por tanto carente de pena alguna, que un numerario/a, agregado/a o supernumerario/a laico abandone a los clérigos del Opus Dei a quienes antes ayudaba, aunque se marche sin darles explicaciones.

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Antonio Pérez Tenessa Habló Poco, Pero Dijo Mucho (I)

mayo 1, 2007

Ivan de ExOpus

Hay veces que se narra mejor una historia insinuando que mostrando, con administrados silencios que con largos discursos. Esto ocurre con el siguiente fragmento del testimonio que nos ha dejado Antonio Pérez Tenessa sobre su salida del Opus Dei. Aunque nada de él tiene desperdicio, me he permitido subrayar algunas partes.

«Siempre me quise marchar; lo saben ellos. Me opuse a la ordenación [de sacerdote] hasta donde pude (le consta a Pedro Casciaro, que era entonces secretario general), pero todo fue inútil. Salirse de la Obra era poco menos que imposible y no me parecía correcto hacerlo mientras ocupaba puestos de dirección. Cuando ya no los tuve, me fui, de mala manera, huyendo como un malhechor, con lo que llevaba puesto. Pero no había otra salida. Yo sabía la triste suerte que me esperaba en Roma si me hubiera retrasado 24 horas en escapar. Cuando me vi libre, respiré, empecé a sentirme persona, di gracias a Dios y se las sigo dando» (No hablaré mal de la Obra. Antonio Pérez Tenessa).

En relatos como el anterior nuestra imaginación rellena los vacíos… y es espeluznante la historia que entonces se nos representa.

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Antonio Pérez Tenessa Habló Poco, Pero Dijo Mucho (II)

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Captado A Los 13 Años Por El Opus Dei

abril 26, 2007

C.H. (21-9-2003)

Fui captado por la secta [Opus Dei] cuando tenía 13 años en unos campamentos muy bien montados en la montaña, a los 14 años y seis meses pedí la admisión sin mucho convencimiento pero por lealtad al director del centro que asistía y lo desintegrada que estaba mi familia de sangre a causa de los problemas entre mis padres.

Creía encontrar un lugar seguro donde alguien me cuidaría (¿el director espiritual?) y me guiaría como padre sustituto en un momento de incertidumbre de la temprana adolescencia. Por supuesto me dijeron que no le dijera a mis padres que había escrito la carta de admisión. Creo que ahora han cambiado la edad mínima indispensable para entrar porque cambian las cosas cuando les conviene, o sea que la obra es cualquier cosa, menos divina.

Mi pseudo vocación siempre tambaleaba, mis padres se curaron de sus problemas con psiquiatras y A.A; yo los ponía en mi lista de San José los 19 de marzo. Mi padre me decía que no entendía lo del director espiritual, que uno era hijo de Dios pero inició un curso en el instituto del opus. A mi madre no le daban los créditos porque en esa época había muchas vocaciones.

Terminado el COU a los 17 años y porque no quería vivir en un centro de la obra de mi ciudad, pedí estudiar en una universidad de la obra pero en otra ciudad, para “salvar” la vocación, según mi director y vivir en un colegio mayor. Mi padre me visitaba para ver que no me “captaran” y monitorear mis actividades.

Luego del primer año en la Universidad tuve que hacer la mili (el servicio militar) y fuí destinado a la Legión, muy lejos de cualquier centro de la obra. Recuerdo que el 19 de marzo me tocó la guardia de las 22hs y que me pasé dos horas rezando el Rosario para que me iluminara para la renovación o no de los votos (creo que esto también cambió, ni votos ni botines… decía Escrivá). Por suerte y gracias a Dios, no los renové y fue así que salí de la obra a los 19 años recién cumplidos. Fueron 4 años y medio pero parecen un siglo.

Ellos le echan la culpa a la sinceridad pero creo que son unos grandes manipuladores. Me decían que si salía me iba a volver puto-declarado como no sé quién, que yo no conocía. Cabe señalar que a los 14 años y medio, puber aún, me gustaban las chicas, una prima especialmente y compañeras de mi hermana menor del colegio. Adentro te hacen olvidar de las mujeres con doble tranca y que todo es pecado. ¿Existe una perversión más grande? Me alejé de la Iglesia.

Me llevó años de psicoanálisis, pastillas, salir de las depresiones. Aparte del médico no pude hablar del tema con nadie hasta que descubrí esta pagina Web. Hace unos años me uní civilmente a mi actual mujer que por familia, es escéptica, con quien tengo dos hermosos hijos que me devolvieron el alma al cuerpo.

Mis padres ahora son de la obra, cosa que lamento profundamente, no creo que se animen a salir, especialmente madre, y mi padre por no decepcionarla. Por suerte mis hermanos no siguieron mis pasos y me son de gran apoyo (Fuente Opus Libros).

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El Complejo De Infidelidad Y El Opus Dei

abril 26, 2007

Crítico Constructivo (29-9-2003)

“Después de respetar y aceptar -escribe a este propósito el P. César Vaca- la doctrina moral sobre la responsabilidad que engendra la vocación y la obligación moral de responder a llamamiento de Dios, se exagera mucho, incluso en libros espirituales que tratan del tema, sobre los peligros del abandono de la vida religiosa, sin distinguir lo suficiente en los casos en los que ese abandono es por voluntad propia y falta de fidelidad a la gracia, de aquellos otros en los cuales la vocación no se reveló con plena claridad. Para algunos, el hecho de que un niño haya ingresado en una escuela apostólica o en un seminario es ya es señal indiscutible de vocación, y mucho más cuando se trata de un profeso, aplicándole entonces, sin duda con la mejor intención de fortificar su decisión de perseverancia, toda la doctrina de temor a quien es infiel a la voluntad de Dios.

Las consecuencias de esta actitud son desastrosas para esas pobres almas que, al abandonar por fin el convento, vuelven al mundo con un verdadero complejo de infidelidad, que les aleja de la vida religiosa. Estoy seguro de que muchos de los escándalos dados por antiguos seminaristas y religiosos que gozan de mala fama arrancan de este proceso. Al salir del convento creyeron que dejaban a Dios en él. De mi experiencia personal puedo decir que entre los muchos casos que he conocido y aconsejado… de ninguno podría asegurar que fuese una vocación clara y, por consiguiente, una infidelidad culpable. ¿Quién puede saber esto con certeza sino Dios? Y si no podemos estar ciertos de la vocación, ¿con qué derecho emplearemos amenazas de condenación eterna contra esas almas?” (cfr. Vaca, César, en Actas del Congreso Nacional de Perfección y Apostolado, vol. III (Madrid, 1958), p. 799).

-el autor se refiere a vocaciones sacerdotales y religiosas, pero sus consideraciones pueden aplicarse -mutatis mutandi- a los miembros numerarios y agregados que abandonaron el Opus Dei;

Hasta aquí, las palabras del autorizado teólogo agustino Fr. César Vaca, OSA, cuya lectura me sugiere las siguientes reflexiones:

-en sentido coincidente se expresaba Don Antonio Ruiz Retegui, en sus Reflexiones íntimas, al deslindar lo teologal de lo institucional;

-si a esto agregamos que, debido al proselitismo agresivo que desarrollan muchos miembros de la Obra, ingresan en la Institución numerosas vocaciones cuanto menos dudosas;

-y si además consideramos que la perseverancia de muchos es más el fruto de manipulaciones de la conciencia e infusión de temores que una respuesta generosa al llamamiento divino;

-podríamos concluir que muchos de los ex miembros célibes no han tenido auténtica vocación, o al menos esta no se reveló claramente y con certeza;

-por lo que no han sido infieles a Dios y deben erradicar de sus almas un enfermizo complejo de infidelidad (Fuente Opus Libros).

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A Los Padres Cuyos Hijos/Hijas Están En Colegios Del Opus Dei (o Puedan Estarlo)

abril 10, 2007

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¡Hola Iván! Me encanta vuestra página. Yo he vivido en una familia del Opus y he estado hasta los 16 años en un colegio del Opus. Me gustaría saber cómo publicar mi experiencia. Para que aquellos padres que deslumbrados por los medios que exhiben los del Opus eviten a sus hijos/hijas caer en sus manos y que así puedan ahorrarles pasar por la travesía en el desierto que yo tuve que pasar.

Gracias y un saludo.

J.D. (10-4-2007)

—oOo—

A LOS PADRES CUYOS HIJOS/HIJAS ESTÁN EN COLEGIOS DEL OPUS DEI (O PUEDAN ESTARLO)

Queridos papás me metisteis en un colegio de la Obra toda mi infancia y parte de la adolescencia. Han pasado 25 años desde que salí de él. Ahora que yo también soy padre comprendo que siempre se quiere lo mejor para los hijos. Os diré queridos papás que no os guardo rencor sino comprensión y tolerancia. Pero quiero que sepas papá el daño tan grande que hicieron en mi mente. Afortunadamente no hay ni rastro del Opus ni en mi espíritu, ni en mi mente, ni en mi cuerpo. Mi liberación ha sido total y plena desde hace muchos años. Pero el sufrimiento y el mal rollo que tuve que pasar no se lo deseo a nadie.

Cuando afortunadamente salí de ese colegio para ir a un instituto mixto, estaba como en otra galaxia. No entendía nada del mundo normal. Se rompió en mil pedazos el mundo que me enseñaron en el colegio del Opus y la educación recibida. Ahí estaba yo con 16 años que veía a las mujeres como fuente de pecado o como fuente de santidad como la “Virgen María”. Ahí estaba yo pensando que todos los que sacaban buenas notas eran de la Obra porque santificaban su trabajo y que los que sacaban malas notas eran otra cosa. Ahí estaba yo pensado que un hombre se bebe un güisqui, fuma tabaco, es simpático, es deportista, es casto, va a misa, reza el rosario y es la leche porque está en gracia de Dios. Ahí estaba yo pensando que el mundo se creo según ordena y manda el Génesis y que Darwin no existía. Ahí estaba yo con los conceptos imbuidos sobre el matrimonio, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la pena de muerte, el sexo, la religión, la droga, la culpabilidad, la superpoblación en el planeta Tierra, la idea de ser un elegido por Dios, etc. Mi mente entera era un prejuicio total, era como un frontón, y mi corazón enmarañado en la retórica bien aprendida de los complejos de culpabilidad. Pero a pesar de eso decidí romper los cimientos que otros habían puesto por mí. Y como explicarte querido papá que me encontraba siendo un adolescente de 16 años y con los cimientos derribados. Me hallé absolutamente solo, perdido, sin identidad, intentando hacer mi nueva estructura sin saber ni arquitectura ni albañilería, fueron años de caminar por el desierto. Pero fue gracias al amor y la comprensión de una chica compañera de instituto, que estuvo conmigo cerca de tres años, lo que me ayudó a reconstruirme a pesar de que cada vez que tenía relaciones sexuales con ella me sentía sucio, pecaminoso y obsceno. Ella comprendió lo incomprensible. ¿Cómo puede uno sentirse sucio cuando amas a una persona? Pues de una forma muy clara y sencilla: si desde pequeño en el colegio tu preceptor todas las semanas, que es quien supuestamente vela por tu rendimiento académico, y en vez de eso su mayor preocupación es saber como andas de pureza, si te masturbas, solo o acompañado, cuántas veces. Si el cura que te confiesa todas las semanas está con la misma cantinela. Pues pasa lo que pasa: Te programan la mente.

Queridos papás ya sé que el colegio de la Obra es muy bueno: tiene unas magníficas instalaciones, unos magníficos profesionales de la enseñanza, un nivel altísimo en el deporte, unas estupendas actividades extraescolares, una gran disciplina y un aprobado sensacional en selectividad. Quiero que sepas papá que todo eso lo pagas en el recibo que el colegio te pasa todos los meses a tu cuenta bancaria. ¿Pero de qué vale todo eso si te roban lo más importante: SER TU MISMO y SER PERSONA? ¿De qué vale todo eso si hacen de tu hijo un extraño y se lo llevan a su guarida? ¿De qué vale todo eso si yo sólo he sido un medio utilizado para que ellos crezcan?

Por favor Papá antes de elegir que no te deslumbren y busca la verdad.

J.D.

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Un Silencio Incomprensible

marzo 13, 2007

Ivan de ExOpus

Antonio Pérez Tenessa pidió la admisión en el Opus Dei en 1939, fue ordenado sacerdote en 1948. Desde 1950 desarrolló el cargo de Secretario General del Opus Dei (el que más mandaba después del Fundador) y en 1956 fue nombrado Consiliario Regional de España (cargo equivalente al actual Vicario Regional). En 1965 abandonó la institución.

Según Mª del Carmen Tapia a él se debe la creación de la Universidad de Navarra, el proyecto de Prelatura personal que ahora disfruta la Obra, la adquisición del Marquesado de Peralta para el Fundador del Opus Dei… Se tuvo que exiliar voluntariamente a México para evitar ser atrapado por la Obra. Y todo lo que narra de su estancia y salida del Opus Dei son estas palabras:

Desde que abandoné el Opus Dei, he mantenido un respetuoso silencio acerca de esa institución en la que gasté honradamente los mejores años de mi vida; en parte, porque así me lo exigió, en nombre de monseñor Escrivá, Pedro Casciaro cuando me localizó en México; y en parte por lealtad conmigo mismo y con los juramentos promisorios que me obligaron a hacer en el Opus Dei. Nadie me habrá oído nunca hablar mal de esa institución, me he negado sistemáticamente a aceptar entrevistas periodísticas de tono crítico, y aprovecho ahora la oportunidad para desautorizar a cualquier persona que haya utilizado mi nombre dando a entender lo contrario. A pesar de que esta lealtad mía no ha sido siempre correspondida, no pienso cambiar mi línea de conducta, ni siquiera al enterarme de la publicación de ciertos documentos en los que las dos más altas jerarquías del Instituto vierten insidiosas acusaciones contra mí, cuya falsedad puedo probar documentalmente. No considero elegante enzarzarme en disputas de patio de vecindad.

Yo no he pedido en ningún momento testificar en la causa de beatificación de monseñor Escrivá de Balaguer -ni en pro ni en contra-, y me parece una iniquidad que esas dos personas se atrevan a descalificarme de antemano tergiversando los hechos, y que el tribunal eclesiástico lo dé todo por bueno sin más averiguaciones.

Lo único completamente cierto de todo lo que dicen -y lo único importante para el proceso de beatificación- es que monseñor Escrivá, mientras pertenecí al Opus Dei y le serví lealmente, me trató siempre con un gran cariño, mucho más de lo que ya merecía (luego, dijo de mí mil perrerías), rezó mucho por mí, con poco fruto, y puso todo su empeño, que era grande, para evitar que yo abandonase el Instituto. Esto es lo positivo, lo que había que declarar en el proceso. Lo demás es chismorrería y pura maledicencia. Por cierto que el señor Echevarría no me conoce más que de vista o de oídas, porque él era un mequetrefe cuando yo estaba en el Opus.

Soy creyente, pero no me interesa ni ésta ni ninguna otra beatificación. No quiero entrar en la polémica que ha levantado este proceso. Me basta con aclarar que yo fui “pescado por la cabeza”, como dicen ellos, mas no por el corazón. Nunca me encontré a gusto dentro del Opus Dei, pero mientras estuve allí lo serví con toda mi entrega. Siempre me quise marchar; lo saben ellos. Me opuse a la ordenación hasta donde pude (le consta a Pedro Casciaro, que era entonces secretario general), pero todo fue inútil. Salirse de la Obra era poco menos que imposible y no me parecía correcto hacerlo mientras ocupaba puestos de dirección. Cuando ya no los tuve, me fui, de mala manera, huyendo como un malhechor, con lo que llevaba puesto. Pero no había otra salida. Yo sabía la triste suerte que me esperaba en Roma si me hubiera retrasado 24 horas en escapar. Cuando me vi libre, respiré, empecé a sentirme persona, di gracias a Dios y se las sigo dando. No tengo resentimientos contra nadie, no culpo de nada a la institución -muy respetable-, en la que cuento aún con grandes amigos que deseo perseveren en su camino.

Digo sencillamente que aquello no era para mí. Ése fue el error del padre Escrivá conmigo, como lo fue el de predecir la fecha de su muerte [el Fundador del Opus Dei predijo su muerte para siete años después de cuando en realidad murió]; también los grandes hombres y aun los santos se equivocan. Lo cual nada tiene que ver con su proceso de beatificación. Lo que no entiendo es que para enaltecer las virtudes del siervo de Dios haya que recurrir al mito, a la falsedad y a la maledicencia.

Deseo al Opus Dei los mayores éxitos, como imagen visible de la Iglesia triunfante, y solamente les pido una cosa: que me dejen en paz. Yo vivo muy contento con mis hijos y no cambio un solo día de mi vida actual por todos los años -muy interesantes, pero de pesadilla- que pasé en el Opus (No Hablaré Mal De La Obra. Antonio Pérez-Tenessa. El País – Sociedad – 13-04-1992).

¿Qué ocurrió con Tenessa en la Obra para que, tras haber fallecido, hasta sus biógrafos se salten a la torera su estancia en el Opus Dei?

Copio una de esas biografías:

ANTONIO PEREZ-TENESSA HERNANDEZ

CONSEJERO PERMANENTE DE ESTADO

IN MEMORIAM

Ha fallecido en Madrid, silenciosamente, como fue su vida, uno de los juristas más completos que hemos tenido en los últimos años, Antonio Pérez-Tenessa Hernández. Afincado en su niñez y juventud en la ciudad de Daroca (Zaragoza), estudió en el Colegio de los Escolapios, que ya había dado la lumbrera de otro estadista, Mariano Navarro Rubio. Fue muy destacado alumno, y era el encargado, desde el púlpito, de dirigir las oraciones, o devociones cotidianas religiosas en la formación integral que ofrecían las Escuelas Pías. Creó en 1936 un batallón de “Pelayos”, del que fuimos nosotros Jefe de Tambores. Esto ocurría en los años de 1930 a 1940. Como su padre, buen cristiano y carlista –como el nuestro y muy amigos– era habitual su presencia en la Adoración Nocturna, y en la naciente Juventud de Acción Católica, cosa no fácil entonces. Trasladado el padre, empleado de una entidad bancaria, con cinco hijos procedentes de dos matrimonios, marchó a Valencia, en donde terminó la carrera de Derecho, con sobresaliente y premio extraordinario. Miembro de las primeras Promociones de la Milicia Universitaria, estuvo de Alférez, en el periodo de prácticas en uno de los Regimientos de Montaña dedicados a contener a los “maquis” en el Pirineo. Este servicio, procuró contabilizarlo con su preparación de Letrado del Consejo de Estado. Se especializó en el llamado entonces “recurso de agravios” –publicó varios estudios– en materia de personal, venia a representar un procedimiento de revisión “miniconstitucional”, para actos administrativos, y que había de decidir el Jefe del Estado, en Consejo de Ministros. (Por los años 1960, fue “famoso” el promovido por Don José Valenzuela Soler, Catedrático en excedencia de Derecho Administrativo, y que había sido en el Gobierno de Lerroux, Director General de Obras Públicas, cuando había solicitado la cátedra de aquélla disciplina en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, en la que coincidieron otros dos administrativistas aragoneses: Royo Villanova, que estaba en Ciencias Políticas: y Jordana de Pozas, en la 2ª. cátedra. El informe del Consejo de Estado, siendo ponente Pérez-Tenessa, fue decisivo en una larga deliberación por el Consejo de Ministros, con la decisión del Jefe del Estado “de conformidad con el Consejo de Estado”, a favor de Valenzuela Soler).

Después de unos años en Méjico, volvió al Consejo de Estado, siendo Letrado Mayor, Secretario General, y ya jubilado nombrado Consejero Permanente de Estado. Sus dictámenes eran un arsenal de Ciencia Jurídica, y de alta “visión de la Función Publica”. En el solemne funeral en la Basílica Castrense, con asistencia del Consejo de Estado en pleno, el también Consejero Permanente de dicho Consejo, Antonio Sánchez del Corral, al final de la Eucaristía, le dedicó un poema, cuyos dos últimos versos rezaban así. “Recio ejemplar del Aragón Hispano / fueron verdad v justicia tu cimiento. / Surgia la flor donde tocó tu mano…Cuanto a ti se confío no lo fue en vano / Te halló firme y en pie mientras tuviste aliento / Antonio, compañero, amigo, hermano”. A sus hijos, Alejandro, Diego, Luis y Javier, nuestra condolencia. Descanse en Paz, el Ilustre Jurista, silencioso y brillante (Jesús López Medel).

¡Ni una sola palabra sobre los 27 años de su estancia en Obra!

Qué tuvieron que meterle en el cuerpo a Tenessa para no hablar con nadie sobre sus vivencias en la Obra, ni siquiera con sus compañeros y amigos más íntimos, hasta el punto de que tras su muerte sean incapaces de contar ni una sola palabra sobre su permanencia en el Opus Dei.

Sea por lo que fuere, lo que ahora le deseamos de todo corazón es que descanse en paz.

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La Vida, Muerte Y Salvación Materna De Un Adolescente En El Opus Dei

febrero 25, 2007
Energía.

Hola a tod@s:

Yo también quiero contar mi experiencia con el Opus Dei, supuesta obra de Dios, mal gestionada por la mano del hombre.

Para poneros en antecedente, decir que mis padres eran empleados de una empresa de la que eran propietarios miembros de “la obra”, mis padres son católicos por costumbre, y por aparente creencia, no obstante son muy mayores para justificar por qué creen en Dios, es lo que se les ha inculcado desde muy pequeños y punto.

Soy el pequeño de cuatro maravillosos hermanos, todos ellos muy currantes, pero que a ninguno le gustó en su vida estudiar, uno de ellos convive con su pareja desde hace 18 años, pero nunca se casaron, viven en pecado, además ella es divorciada, por lo que están condenados al fuego eterno, ese es el más pequeño de mis tres hermanos, y al que siempre me he sentido más unido, tal vez por la cercanía de edad, tal vez por nuestra similitud de carácter, no lo sé.

Mi historia comienza cuando mis padres empiezan a trabajar para esta empresa de “la obra”, yo ya era el último de mis hermanos viviendo con mis padres, ya que por un despiste de la naturaleza, nos llevamos muchos años entre mi hermano mayor y yo (podría ser mi padre) y también nos llevamos muchos años entre el más pequeño de mis hermanos mayores y yo, en definitiva, que no recuerdo haber vivido con mis hermanos.

Con 6 añitos, y debido a la nueva cercanía de mis padres al opus dei, entré en un colegio privado del opus dei, ya que sería una gran oportunidad para mí, en vez de el colegio público al que asistía, cosa que en su mayor parte agradezco, ya que veo como han acabado muchos de mis antiguos compañeros del colegio público y veo como comienzan las vidas de otros muchos del colegio del opus (no es por desprestigiar la educación pública, que también está muy bien, pero hay que ver los condicionantes sociales del entorno y demás para poder juzgar).

Pues en definitiva, mas o menos fui un niño feliz en mi nueva escuela, aunque me costó adaptarme, mi nivel social era bastante inferior al de mis compañeros, yo llevaba al colegio mochilas de segunda mano mientras ellos llevaban lo último en cuánto a material, estuches, mochilas, recuerdo que un año llevé una mochila rosa chicle que heredé de mi prima, eso sí que era hacer un “Vía Crucis”.

Llegamos a cuarto de EGB y ahí comenzó nuestro perpetuo acercamiento a Dios con los campamentos organizados por uno de sus clubs juveniles, al que iba todos los fines de semana durante el año escolar y por supuesto a los diversos campamentos, y salidas y viajes que se hacían en los periodos vacacionales, pero en octavo, plena edad del pavo, no tuve ninguna gana de pasarme por allí, me ví enredado en una serie de problemas personales: falta de confianza con mis amigos, desplantes, malas jugadas, probablemente debidas a mi condición social, yo no era digno para salir con ellos, ellos llevaban camisetas y vaqueros de marca y tenían dinero para gastar en lo que quisieran, yo llevaba el dinero para el bus, y veinte duros por si tenía que llamar por teléfono o algo.

En 1º de BUP al comenzar el curso las cosas no marchaban bien en casa, mi madre amenazaba con “irse de casa con los pies por delante” y sufría una depresión importante que a mi padre le costó encajar, y yo, machanguito de 14 años me estaba chupando toda la problemática que rodeaba a mis padres y comencé a coger confianza con un profesor del colegio, que casualmente era miembro numerario del opus dei, y la verdad es que él me sugería una confianza, una paz interior que hizo que me acercara a él tanto que se convirtió en mi mejor amigo, hasta que un día me dijo: “¿Por qué no te vienes por el club? hace mucho que no vienes, ya verás, hemos arreglado muchas cosas, y seguro que hay mucha gente que se alegra de verte por allí”, esa fue mi escapatoria perfecta del entorno de mis padres, salía del colegio a las 4 de la tarde y me iba directo al club, dónde hacía mis deberes y estudiaba en su sala de estudio, era perfecto porque venía llegando a casa a eso de las 10 de la noche, por lo que duchita y a la cama, no hacía vida familiar, pero sin yo saberlo, me había convertido en un “pitable”, y pité en 1995.

Al principio todo fue muy bien, intentaba seguir, como buen adscrito, las normas de piedad a raja tabla, pero mis amigos volvieron a acercarse a mi, y me invitaban a fiestas de cumpleaños con chicas a las que yo iba sin consultar a mi director espiritual y ni al director del centro, de hecho a una de ellas fui directamente desde el centro, y me preguntaron que a dónde iba y les conteste con total naturalidad que iba a la fiesta de cumpleaños de una amiga a lo que contestaron que yo no debía ir, pero aún así fui ya que me estaban esperando y no tenía modo de ponerme en contacto con ellos para decir que no podía ir.

Por supuesto al siguiente día, en el club, me llamó el director del centro para hacerme una corrección fraterna que a mi no me pareció justa, yo se lo argumenté diciendo que el que yo hiciera vida social con chicos y chicas no influía en mi decisión con respecto a seguir a Dios como numerario, pero mis argumentos no sirvieron de nada, a partir de ahí me mantenían ocupado al máximo, ayudando con los más pequeños del club, de modo que ya no tenía nada de vida social fuera del club, les recuerdo en todo caso que estamos hablando de un chaval de unos 15 años.

Luego vino la parte de la dirección espiritual semanal, en la que yo le comentaba a mi director espiritual las cosas “malas” que había hecho, y él siempre, siempre me preguntaba: “¿y no te masturbas? no hay que tener miedo de contarlo todo”, yo, a pesar de tener 15 años y estar en plena pubertad, no había descubierto la masturbación, no sé por qué, simplemente aún no había tenido curiosidad, y semana tras semana surgía la misma pregunta a la que yo contestaba negativamente y mi director espiritual insinuaba falta de sinceridad por mi parte, hasta que una vez decidí contestarle que sí (sin haberlo experimentado) para ver si dejaba de dar la plasta con el tema, y su respuesta fue nada más y nada menos que: “¡¡Menos mal!! ¡¡Ya pensaba que ibas a ser mariquita!!”. Yo no sé si llegáis a imaginar como se puede sentir un chaval de 15 años, cuando está en pleno proceso de maduración, de reconocimiento de sí mismo, cuando la persona a la que le confía sus más íntimos secretos le confirma que es mariquita por no haberse masturbado nunca, claro que él no sabía que me estaba confirmando que yo era mariquita, y les recuerdo que ya desde pequeño llevaba una mochila rosa chicle al colegio, cosa que me creó bastantes problemas entre mis compañeros, por lo tanto éste personaje que dirigía mi vida espiritualmente me acababa de confirmar lo que mis compañeros del colegio decían “soy mariquita”.

Gracias a Dios, siempre tuve muy buena comunicación con mi madre, y a pesar de que ellos me dijeron que no contara que había pitado, que era posible que mis padres no lo entendieran, y que ante todo tenía que defender mi vocación pues yo se lo conté y mi madre lo único que me dijo fue que no me preocupara que siguiera adelante si era lo que yo quería y un dicho que ella dice muy a menudo “abre el ojo y esparrama la vista”.

El tema de mariquita quedó bastante dentro de mi, además, a partir de ahí comencé a alejarme de mi madre y a hacer anotaciones en mi “agenda espiritual” de mis sentimientos, además de el examen de conciencia diario, la confusión era muy amplia, además a mi me habían enseñado en el colegio que la homosexualidad era una enfermedad y un pecado grave. Además lo triste de esto, es que alguna vez me sentí atraído por un tío, no a modo sexual, pero sí de llamarme la atención su mirada, o decir ese tío es guapo, sin embargo es muy distinto a lo que puedo sentir por una mujer y es que la fórmula química hombre-mujer también funciona en mi interior, por lo tanto en ese momento de mi vida ya no sólo tengo una enfermedad mental, sino que soy un degenerado !!me gusta todo!!

En resumidas cuentas, que esto se va haciendo largo, una noche mi madre me pilló llorando y dándome cabezazos contra la pared de mi habitación, se asustó bastante, según dice parecía que estaba fuera de mi, ya que la coronilla sangraba y yo seguía en mis trece, golpeando la pared, y ese fue el momento en que mi madre se dio cuenta de que algo grave pasaba.

Después de pasar toda la noche intentando calmarme, consiguió sonsacarme el problema, y al día siguiente no fui al colegio, me llevó a su psiquiatra, les recuerdo que mi madre sufre de depresiones y crisis de ansiedad, y estuve acudiendo durante casi dos años, aquélla semana no fui al colegio ni al club, mi madre había dicho que estaba enfermo en cama; mi padre no se enteró de nada de lo ocurrido hasta hace unos pocos meses, mi madre se las ingenió para que, ayudada por el psiquiatra todo saliera bien, estuve medicado durante mucho tiempo (viva el Ribotril); mi madre me decía que las cosas había que hacerlas bien, ya que hacerlas mal podría implicar un cambio drástico en mis notas e incluso en la situación laboral de ellos, así que yo seguí acudiendo al club, pero faltaba bastante a los círculos, tanto a los de los adscritos como a los de san Rafael, acudía a alguna meditación, pero cada vez pasaba menos tiempo por allí, hasta que un día me dijeron que me sentara a hacer oración en el oratorio, y que le preguntara a Dios si realmente esa era mi vocación, y fue justo ahí cuando vi mi liberación después de, no media hora, sino una hora sentado en el oratorio imaginando mi nuevo comienzo y la alegría que le daría a mi madre, salí directo a dirección y le dije al director que efectivamente él tenía razón, que esa no era mi vocación.

A mi me quedaba ese año para terminar 3º de bachillerato y al año siguiente COU, mi madre se empeñó en que yo tenía que acabar mis estudios en ese colegio aún habiendo visto lo que había vivido, pero ella pensó que ya estaba a salvo, así que seguí escolarizado hasta finalizar COU con 5 suspensos en junio y 3 en septiembre, aún habiendo visto mi madre que me “partí el culo” a estudiar, tendría que repetir COU, pero estaba claro que ellos no me querían allí, y yo tampoco les quería a ellos, por cierto, mi padre perdió su puesto de trabajo durante este periodo de transición, en 1998, yo acabé mi escolarización en septiembre de 1999.

A partir de ahí me desgané con los estudios así que hice el COU a distancia, que por cierto aprobé con bastante buena nota, conseguí un trabajo de camarero, y a pesar de estar dedicándole poco tiempo debido a mi jornada laboral, decidí que no haría la selectividad porque no quería estudiar más.

Ahora trabajo para una empresa en la que el propietario es cooperador de la obra, acude a círculos y me invita a cursos de retiro, meditaciones, además la mayor parte de mis compañeros son numerarios, agregados, en fin hay de todo un poco, de hecho trabajo con aquél que se conviritió en mi mejor amigo y por el que pité, sin embargo nunca me atreví a contarle a él la trama de mi vida, y sigo viendo como a mi alrededor se hace daño a gente que no lo sabe, que los hilos que manejan esta tela son muy fuertes, y que a pesar de lo que he vivido con ellos, y lo que sé de ellos, sigo dependiendo de ellos, porque ahora mis padres están jubilados, yo aún vivo con ellos, y además tengo una hipoteca que pagar. Cierto es que me gustaría alejarme todo lo posible, pero también es cierto que están en todas partes, y manejan gran parte del cotarro.

Siento que la historia no esté lo suficientemente bien redactada, hay muchos detalles que contar, pero uno no sabe como colocarlos, en fin, yo estoy en un lugar en el que podría evitar muchas cosas, pero no soy lo suficientemente valiente como para moverme del sitio en su contra por pura y dura conveniencia económica. Actualmente vuelvo a estar con ansiolíticos (viva el Alapril), aunque algo mas suaves que el Ribotril, pero me despierto todas las noches, no sé porqué a las 4 de la madrugada, con pesadillas absurdas, porque si las cuentas la gente no entiende dónde estás la pesadilla, pero son sueños angustiosos que hacen que te despiertes con taquicardias y que consiguen que, aún dopado de Alapril, no vuelvas a conciliar bien el sueño durante lo que queda de noche, mi carácter está cada vez más agrio, y me siento como culpable de algo, es una sensación que tampoco sé explicar, pero que no le deseo a nadie.

Por supuesto, mi nombre es un pseudónimo, y tal vez he dado demasiados datos demasiado explícitos, aunque lo he evitado en todo lo que he podido.

Por cierto, también recalcar que por triste que parezca, aquél director espiritual se fue a Roma y actualmente es sacerdote, hace unos años le escribí una carta a Bruno Buozzi recriminándole sus actos para conmigo, nunca recibí respuesta, y la verdad es que nunca supe si él llegó a recibir la carta, pero espero que Dios le dé la sabiduría suficiente para que sepa poner las palabras de un modo adecuado y no destroce la vida de ningún pobre adolescente.

Actualmente soy casi todo lo contrario a aquél niño, que pitó en 1995, tengo que agradecerles mucho, gracias a ellos actualmente como, pago mi hipoteca y ayudo algo a mis padres, aunque por culpa de ellos la idea del suicidio pasó por mi cabeza siendo un niño, mi segunda vida se la tengo que agradecer a mi madre que a mí me dió a luz dos veces. Trabajo con ellos y no puedo dejar mi trabajo hasta que aparezca otro que me dé la misma aparente seguridad que tengo en este, pero sigo buscando y no voy a dejar de hacerlo, a veces pienso que padezco algo del Síndrome de Estocolmo, porque ni con ellos ni sin ellos.

También les tengo que agradecer que socialmente me he abierto mucho y tengo muchos muchísimos amigos, pero que soy incapaz de intentar buscar a la mujer de mi vida por miedo a hacerle daño, por miedo a manejarla como ellos en principio manejaron mi vida y la de los míos, por miedo a que me puedan manejar, por miedo a hacer daño o a que me lo hagan.

Actualmente ante ellos simulo estar en perfecto estado, pero no lo estoy.

Acabo de darle hacia arriba al cursor y he visto que he escrito bastante, así que ya tengo el primer capítulo de “La vida, muerte y salvación materna de un adolescente en el Opus Dei”, que pena que no sea buen redactor.

Gracias por leerme, me ha venido muy bien desahogarme del todo y, por cierto, si alguien conoce algún trabajo medianamente bien remunerado de administrativo que me avise ;)

Energía.

——oOo——

NOTAS DEL EDITOR:

1. Puedes anunciar tu solicitud trabajo en el Blog ExOpus.Net.

2. Esta carta vino acompañada con un comentario al que podéis acceder pulsando aquí.

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El Amor Del Opus Dei A Los Religiosos

febrero 4, 2007

Ivan de ExOpus

Lo que sigue es una experiencia que me ocurrió apenas había cumplido los 16 años.

La lluvia inundó los campos del colegio en donde aquella tarde teníamos que practicar deporte. Ante la imposibilidad de hacerlo nos mandaron a casa. Yo me fui, como todos los días, al centro de la Obra.

Serían las 4, toqué el timbre. Me abre el secretario quien tras informarse de la duración de mi estancia allí sale corriendo a por el abrigo y en cuestión segundos se marcha, explicándome a la carrera que el resto de los de la casa están en una tertulia con el Padre (el fundador del Opus Dei, no Dios), que él no había ido por el Santísimo (en los centros de la Obra no se puede quedar solo), y que esa función la podía realizar yo.

Y allí me dejó. No transcurrieron ni 15 minutos cuando llaman a la puerta y me encuentro ante un fraile. Un fraile, fraile, de hábito preconciliar, con capucha incluida, y con un rosario entre las manos.

Me explicó que venía de Jaén, que quería ponerse en contacto con un determinado sacerdote de la Obra (desconocido por mí), y que las únicas señas de un centro del Opus Dei de que disponía eran las de aquel en el que nos encontrábamos.

Lo único que se me ocurrió fue dejarle el teléfono del club y decirle que llamara por la noche para preguntárselo al director.

Cuando todo estaba resuelto, va el buen religioso y me pide el favor de que le deje hacer una visita al sagrario, ya que el resto de la tarde tenía que hacer gestiones y no sabía si podría encontrar una iglesia en donde realizarla.

Mi preocupación entonces fue la de que esa persona no fuera un religioso sino un ladrón, por lo que le acompañé al oratorio y allí estuve con él todo el tiempo.

Rezó durante unos cinco minutos, le despedí, y continúe con mi estudio.

Cuando volvió el director le di la novedad y, de pasada, le cuento lo de la visita al Santísimo del fraile. Entonces enrojece. Me inquiere si he dejado entrar a un religioso en el centro. Le explico que le acompañé y que no era un ladrón (lo único que a mí me preocupaba). Eleva el tono de voz y me sale con que está muy mal lo que había hecho ya que HAY UNA ORDEN DEL PADRE (el fundador del Opus Dei, no Dios) DE QUE A UN RELIGIOSO NUNCA SE LE PUEDE METER EN UN CENTRO DE LA OBRA, DE QUE SE LE ATIENDE EN LA PUERTA DE LA CASA O COMO MUCHO EN LA SALA DE VISITAS, PERO JAMÁS, JAMÁS SE LE PERMITE ENTRAR DENTRO…

¿Pero cómo voy a impedir que visite al Señor alguien que ha dado su vida por Él?, aduje en mi defensa.

Y su respuesta, en el mismo tono de sargento de la Legión: HAY MUCHAS IGLESIA PÚBLICAS, QUE VAYA A UNA DE ELLAS, PERO EN UN CENTRO DE LA OBRA, NO Y NO…

Obras son amores y no buenas razones. Por mucho que luego oyera en el Opus Dei las palabras de su Fundador de que amamos con todo el corazón a la Iglesia y a los religiosos, toda esa teoría se anulaba en mi interior por aquella experiencia juvenil tan anticristiana de la bronca que recibí por haberle permitido a un fraile visitar al Santísimo.

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Sin Amigos Por El Opus Dei

enero 27, 2007

Ivan de ExOpus

Publicado originalmente en Opus Libros el 20 de octubre de 2006

La siguiente historia que os voy a contar ocurrió hace 40 años, a mediados de los sesenta, yo tenía 15 años y llevaba pocos meses de Oblato (ahora Agregado) del Opus Dei.

Oscar y yo éramos grandes amigos desde nuestra primera infancia, compañeros de estudios, juegos y confidencias. En su casa yo era, para los suyos, uno más de ellos; y lo mismo ocurría con él y los míos. No había celebración de nuestras respectivas familias a la que no asistiéramos los dos, como si fuéramos hermanos. Un ejemplo, el día de Reyes había un regalo para mí en su casa, y otro para él en la mía…

Cuando comencé a frecuentar un centro de la Obra, allá me llevé a mi amigo Oscar. Nada más pitar yo (pedir la admisión al Opus Dei), el gran empeño de los directores fue que intensificara mi proselitismo con Oscar, en quien veían vocación de Numerario. Así lo hice, y, de la noche a la mañana, de acosado, me transformé en acosador. Todos los planes que proponía, en los que estuviera involucrado Oscar, automáticamente recibían el parabién de los directores, aun cuando supusieran el menoscabo de mi presencia en el centro. Por ejemplo, la familia de Oscar se iba algunos fines de semana a un chalet que tenían en Cercedilla (en la Sierra de Madrid), y allí que me iba con ellos, con todas las bendiciones del consejo local, aun cuando no asistiera a la meditación y resto de programas que los sábados por la tarde tenían lugar en el centro.

Oscar se resistía a pitar. Llegaron las vacaciones de verano. Al disponer de más tiempo libre, gastaba más con él. Aparte de lo habitual, un día visitábamos el Museo del Prado, otro el Sorolla o íbamos al zoológico o a remar al Retiro…; todo ello sazonado con el cumplimiento del plan de vida, en el que, menos las preces, Oscar hacía todas las normas conmigo.

A mediados de julio, al fin, Oscar pita. Tres o cuatro días después, cuando hice la confidencia, el director me dice, como de pasada, sin darle mucha importancia:

Por cierto, a partir de ahora ya no debes perder el tiempo con Oscar, porque ambos tenéis que emplearlo en hacer proselitismo con otros.

Con esa frase entendí que debía cesar la intensidad de mi trato con él, mas no se me pasó por la imaginación que lo que realmente se me pedía era la finalización de nuestra amistad, realidad que pocos días después se me explicó nítidamente, intensamente, cruelmente. El motivo fue que durante ese tiempo continuaron las muestras de amistad entre nosotros, que se manifestaban —según me dijo el director— en que íbamos juntos al centro y lo mismo hacíamos al marcharnos, en que yo seguía frecuentando la casa de los padres de Oscar y en que al estar juntos irradiábamos una amistad particular. Se me explicó que Dios nos pedía todo, y dentro de ese todo están los amigos cuando pasan a ser nuestros hermanos en el Opus Dei, momento en el que tenemos que cortar nuestra amistad con ellos. También se me aclaró que entre los de la Obra no puede haber amistades particulares, por lo que las cosas íntimas se tratan sólo con el director, y con nadie más.

Eso ocurrió a última hora de la mañana. Me fui a casa a comer, durante el trayecto estaba descompuesto. En casa de mis padres hice de tripas corazón mientras comía para que no descubrieran mi angustia interior. Y me encerré toda la tarde en mi cuarto. Estaba deshecho, lloraba con desconsuelo, con la misma sensación que podría tener si me hubieran comunicado que Oscar había muerto, ya que para mí suponía lo mismo. Y simultáneamente le pedía perdón a Dios por ser tan poco generoso con Él al resistirme a entregarle esa amistad.

Ese estado de desazón continuó algún tiempo. El mes de octubre nos separaron, yo fui trasladado a otro centro; y, ya se sabe, viene el olvido con la distancia, el tiempo y los nuevos amigos para el proselitismo.

El siguiente 6 de enero, día de Reyes, en mi casa ya no hubo regalo para Oscar; ni en la suya para mí.

Mi familia (e imagino que igual la de él) se extrañó de que de la noche a la mañana pasáramos de ser uña y carne a no vernos juntos, de que ni él ni yo nos telefoneáramos. Les mentí. Les dije que él estaba muy ocupado en diversas actividades, que éramos igual de amigos que antes, que pasábamos grandes ratos juntos en el centro… Cuando más de treinta años después dejé la Obra y comenté esto en mi casa, mis padres me confesaron que entonces creyeron que algún problema muy gordo debía haber surgido entre Oscar y yo, lo que habría supuesto la ruptura de nuestra amistad. Y que tenía que ser tan grande lo acaecido entre nosotros que implicaba el que, para no hablar de lo ocurrido, yo lo disimulaba con falsas razones.

Como dije más arriba, Oscar pitó de numerario. Pasó el tiempo y se ordenó sacerdote; cuando lo hizo yo me encontraba a 300 kilómetros, en un curso anual, y ni se me ocurrió pedir permiso para asistir al evento, ni a su primera misa unos días después. Nunca sabré si me habrían dejado ir. Imagino que no, que para que no fuera los directores aducirían razones de pobreza, o de perdida de tiempo, o cualquier otra. Pero la verdad es que nunca lo planteé. Creo que puse tanta intensidad en acabar artificialmente con nuestra amistad que carecía de fuerzas para encontrarme con él.

Un par de años después de ordenarse sacerdote me hallé, por casualidad, con Oscar en la explanada de Torreciudad. Nos preguntamos sobre nuestras familias, sobre las respectivas trayectorias profesionales, sobre dónde vivíamos…, vamos, sobre superficialidades, lo mismo de lo que hablarían unos conocidos de vista del mismo barrio que se encuentran por azar en una ciudad distinta a la suya. Comprobé que ya no quedaba ni un ápice de la gran amistad que hubo entre nosotros.

Para mí –e imagino que para todos– los afectos humanos son muy valiosos. Si abandoné mujer e hijos por la Obra, me era muy importante sentirme anclado en el calor humano del resto de mi familia (padres y hermanos) y de los amigos. Conforme pasa el tiempo los hermanos viven su propia vida, de la cual algunos te excluyen porque –para obedecer a la Obra– vas quedando mal con ellos (no puedes ser padrino de sus celebraciones, ni ir a los convites; ni a su casa si están casados civilmente, etc); tus padres acabarán falleciendo, y lo único que te va quedando son los amigos.

Lo más terrible de esta historia es que en la Obra no hay verdadera amistad, tanto con las personas que se hicieron del Opus Dei, pues de todas ellas tuve que perderla; como de los que se llamaban mis hermanos, puesto que con ninguno de ellos podía haber amistad particular; como los que la Obra consideraba que no tenían vocación, ya que para los directores seguir tratándoles era una pérdida de tiempo cuando había tanto proselitismo por hacer.

Sí el mayor título que es capaz de dar Jesús a sus discípulos antes de morir es el de “amigos particulares”: Nadie tiene mayor amor que este: que uno dé su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os llamo amigos. (Jn. 15, 13-15); yo les pregunto a los directores de la Obra (que sé que leen esta página): ¿Por qué entonces vosotros obligáis a los vuestros a destruir ese don –humano y divino– de la amistad, haciendo de él un mero instrumento al servicio de fines egoístas de la Prelatura?

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