El Gobierno de la Sinrazón

Iván de ExOpus

Se tiene un concepto de la humanidad muy distinto al real. Se piensa que el género humano es inteligente y capaz de razonar libremente, que si le presentas a una persona determinadas evidencias en contra de una creencia, el único camino que puede tomar es el de reconocerlas y seguir las consecuencias a las que nos dirigen.

Pero no es así.

Cuando digo esto no me refiero a personas libres de la esclavitud a que nos llevan las mentiras de todas las creencias, ya que tales humanos no existen. Todos somos víctimas de alguna o muchas mentalizaciones que en su día aceptamos de forma acrítica y que desde entonces nos gobiernan en mayor o menor medida. Esto es una realidad, que hay que aceptar, y otra muy distinta la de aquellos que cierran su capacidad de razonar y actuar en consecuencia. Esto sí que es grave. Si hubiera un pecado superior a cualquier otro ése sería el de negarse a razonar, ya que la inteligencia es el don máximo que el hombre ha recibido. A los que cometen este pecado son a quienes me refiero en este escrito.

Comunicas con pruebas irrefutables lo que tantos años te ha costado poner en claro: las características de las sectas destructivas y como se viven igual en el Opus Dei; como para ellos el fin justifica los medios; el control que ejercen sobre los pensamientos, sentimientos, conducta e información para así mantener esclavizados a los que atrapan; que lo bueno que allí hay sólo es un medio para atraer y captar a la gente; evidencias su multitud de mentiras y como fuerzan a los suyos a engañar; como los laicos no pertenecen a la Obra por lo que su vocación, tan inflada y cacareada por ellos, no es ni más ni menos que la de cualquiera que coopera con sacerdotes; el abuso que perpetran sobre los menores de edad; que incumplen las leyes civiles y eclesiásticas en su beneficio; como escamotean su riqueza; que utilizan la coacción como elemento fundamental e imprescindible de su actuación; que el contrato de adhesión que utilizan es inválido… Y un largo etcétera.

Es muy frustrante descubrir como toda esa información resbala de las cabezas de los lectores como el agua lo hace sobre los cantos del río. Comprobar como los fanatizados, para quienes tendría más valor razonar, en vez de hacerlo se quedan atrapados en los slogans y mentalizaciones de la Obra y, sin leer nada de cuanto se dice, o bien demonizan el sitio, o insultan a los autores, o repiten como cintas magnetofónicas las irracionales mentiras que sin pudor alguno el Opus Dei viene repitiendo desde sus comienzos.

Una anécdota. Me encontré con un ex agregado de los que se fueron por el corazón (por enamorarse, con las mentalizaciones de la institución intactas), compañero mío durante muchos años. Le hablé sobre este Blog. Su respuesta: «Ya sé lo que es la Obra y no quiero perder el tiempo leyendo nada en contra». Decidme si esta frase no es todo un elogio a la irracionalidad de la que hablamos. Traducido, quiere decir que prefiere seguir engañado antes que enfrentarse a las consecuencias a que le llevarían las verdades que descubriría, que por otra parte sabe que existen, ya que en caso contrario no le importaría leer el Blog.

También existe el grupo de los profesionales de la desinformación, la de aquellos de la Obra que aun sabiendo a la perfección que es cierto todo cuanto dices, mas por vivir como dios dentro aprovechándose de los demás, se dedican a escribir comentarios que confundan a los lectores (posiblemente por encargo de sus superiores), bien mintiendo soberanamente, o intentando hacer creer que en todas partes cuecen habas por lo que lo que pasa en el Opus Dei es lo mismo que lo que hay en cualquier otro sitio, o dirigiendo la atención hacia lo intranscendente para despistar de lo esencial, o irritan a otros comentaristas para desviar el fin del blog hacia una guerra personal entre los participantes…

Y los pocos que razonan en profundidad sobre el Opus Dei, en su mayoría no son capaces de hacerlo con otros fanatismos. Y no me refiero sólo a los religiosos, sino a cualquier creencia ajena o fruto de la propia soberbia que se ha enquistado de tal manera que nos lleva a anular el buen razonamiento.

Irracionalidad, irracionalidad y más irracionalidad…

¿Dónde está el ser plenamente racional que define al género humano?

Es muy frustrante descubrirlo, pero las pruebas llevan a afirmar que no lo está en ningún sitio.

El hombre no es un ser totalmente racional. En realidad, es un ser multifanatizado que, en todo caso, pone la razón al servicio de las creencias que le han implantado.

Y si la verdad es el camino para ser libres, ¿cómo podremos serlo si aborrecemos enfrentarnos a ella?

Aunque no soy partidario, veo que una solución a este problema se encuentra en las palabras de Albert Einstein: «Para vivir feliz hay que ser imbécil, o hacérselo».

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2 respuestas a El Gobierno de la Sinrazón

  1. Emilio G. dice:

    Oye Ivan: Una cosa es que digas cosas ciertas y otra que pretendas que todo lo que dices o insinúas sobre otros es cierto.
    Por ejemplo yo podría afirmar con bastante seguridad que ‘te tocas los genitales’ diariamente; pero de eso no se puede deducir y afirmar que tengas el hábito de mansturbarte todos los días.
    En lo que digas sobre tí mismo, no discutiré. Si haces afirmaciones, lo primero que supondré es que entiendes lo que afirmas, o sea que lo has vivido en ti mismo. Siento ser tan kantiano. Pero el proverbio es cierto:”cree el ladrón que todos son de su misma condición”

    Saludos. Cúidate.

  2. Estimado Emilio G.:

    También hay otro refrán que dice que al que le pica es porque ajos come.

    En realidad, ¿no será que se ve reflejado en lo que ha leído, no quiere reconocerlo, y por eso se subleva?

    Me dice: Si haces afirmaciones, lo primero que supondré es que entiendes lo que afirmas..

    Ahora le pregunto yo: ¿Entiende usted lo que afirma?

    Así que, por favor, haga críticas sobre algo muy concreto de lo que ha leído, en vez de atacar con inútiles divagaciones cargadas de tintes sexuales.

    Un saludo

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