Encuesta realizada entre 1970 y 1974
CARLOS ROBLES PIQUER. Diplomático. Madrid.
No pertenezco al Opus Dei por tres razones. Voy a enumerarlas, aunque realmente la primera haga innecesaria las otras dos.
1ª Nunca he sido invitado a ingresar en él. Dado que esta Obra no acepta solicitudes espontáneas, quiere decirse que no encontró en mí méritos o cualidades que justificaran dicha invitación.
2ª Como miembro de la carrera diplomática, soy funcionario público. Siempre creí, sobre testimonios orales, que el Opus Dei podría pedir a sus socios la sujeción a su propia disciplina en cuestiones profesionales, lo que podría rozar, a su vez, con los deberes de un servidor del Estado. Un artículo que he leído recientemente de las Constituciones de la Obra viene a confirmar que aquella creencia no era errónea.
3ª El Opus Dei ofrece un camino de perfección a los católicos. Conozco a algunas personas que lo siguen con gran provecho espiritual y reitero mi admiración por ellas. Pero temo que los honores terrenales, el poder político y la influencia económica que otros miembros de la Obra -y, quizá, esta misma como tal- manejan, sean factores que distorsionen gravemente aquel espíritu y conduzcan a una «moral del éxito» más concorde con el puritanismo y con el calvinismo, como algunos han señalado; o simplemente contraria a la austeridad que busca hoy la Iglesia católica con especial denuedo.






