
Encuesta realizada entre 1970 y 1974
CARMELO MONEDERO GIL. Psicoanalista. Madrid.
No soy del Opus Dei porque estoy en contra del culto a la personalidad en todas sus manifestaciones; bien sea hacia arriba, idealizando la figura del padre, bien en forma de un autobombo sistemático entre los afortunados hijos. La repetición de este esquema familiar es probablemente adecuado para los que se encuentran aún en la infancia espiritual, pero ridículo para las personas que tienen un mínimo de madurez. Rechazo, asimismo, un grupo familiar, que tan fielmente reproduce las diferencias sociales de nuestra estructura capitalista, al hacer una distinción radical entre sus miembros pobres y ricos. Si el culto a la personalidad recuerda las actitudes mágicas del hombre primitivo, la identificación con los criterios capitalistas los configura, contrariamente, como personas comprometidas efectivamente en nuestro mundo y época. Magia y capitalismo son dos fuerzas conservadoras, que destruyen al hombre en su más íntima esencia.
Los líderes del Opus Dei son los que crean las normas que imponen a sus seguidores; pero, como ocurre en todos los grupos autoritarios, ellos mismos no se consideran obligados por las normas que inventaron. La relación que existe entre los líderes y sus seguidores es la misma que se establece entre el super-yo y el yo en la personalidad individual. El super-yo prohíbe al yo precisamente aquellas cosas que para él no están vedadas. El yo se siente feliz sometiéndose a las instancias del super-yo. Todo esto conduce a una castración sistemática de los seguidores. Los cuales, lejos de sentirse castrados, viven como participantes de todas las potencialidades del padre.
Desde el punto de vista social representa la eclosión de las fuerzas conservadoras retrógradas. Es lo que llamamos en psicoanálisis un grupo regresivo, que sólo está capacitado para conseguir placeres infantiles. Ni qué decir tiene que la sexualidad debe ser reprimida, desencadenaría las furias del padre.
Como creo en un humanismo humano, en el cual esté proscrita la opresión del hombre por el hombre, me es imposible participar en el Opus Dei.





