¿Es Santo el Fundador del Opus Dei?

Piriqu�

Alien

El Papa pronuncia la fórmula solemne de la canonización en estos términos: «Para honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y la nuestra [...]

leer1.jpg
exopus.jpg

About these ads

3 respuestas a ¿Es Santo el Fundador del Opus Dei?

  1. Jesús dice:

    Decreto de introducción de la causa beatificación y canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer
    El 12 de mayo de 1981, comenzó en Roma el proceso de beatificación y canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, con la primera sesión del tribunal constituido por disposición del Cardenal Ugo Poletti, Vicario del Papa para la diócesis de Roma. En Madrid, el 18 de mayo, tuvo su primera sesión el tribunal constituido por disposición del Cardenal Enrique y Tarancón, que recibió las declaraciones de los testigos de lengua española.
    El Concilio Ecuménico Vaticano II «ha exhortado con premurosa insistencia a todos los fieles, de cualquier condición o grado, a alcanzar la plenitud de la vida cristiana y la perfección de la caridad. Esta fuerte invitación a la santidad puede ser considerada como el elemento más característico de todo el Magisterio conciliar y, por así decir, su fin último» (Motu proprio Sanctitas clarior, 19–III–1969).
    Por haber proclamado la vocación universal a la santidad, desde que fundó el Opus Dei en 1928, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer ha sido unánimemente reconocido como un precursor del Concilio precisamente en lo que constituye el núcleo fundamental de su Magisterio, tan fecundo para la vida de la Iglesia.
    El Siervo de Dios nació el 9 de enero de 1902, en Barbastro (España), en el seno de una familia de fervientes raíces cristianas. Desde su juventud se distinguió por la agudeza de su inteligencia y por su carácter fuerte y amable. Hacia los quince años advirtió por primera vez el presentimiento de la llamada del Señor a una misión que el Siervo de Dios aún ignoraba. Para disponerse plenamente a la Voluntad divina, decidió hacerse sacerdote, cultivando una vida de piedad y de penitencia intensísima. Tras haber cursado los estudios en el Seminario de Logroño, primero, y después en el Seminario de San Francisco de Paula y en la Universidad Pontificia de Zaragoza, fue ordenado sacerdote el 28 de marzo de 1925, en Zaragoza.
    En 1927 se trasladó a Madrid, donde ejercitó un vasto apostolado con los enfermos, los necesitados y los niños. Fue Capellán del Patronato de Enfermos desde 1927 a 1931. En 1931 pasó a ser Capellán en el Patronato de Santa Isabel, del cual fue nombrado Rector en 1934. El 2 de octubre de 1928, durante los ejercicios espirituales, el Señor le mostró con claridad lo que hasta ese momento había sólo barruntado; y el Siervo de Dios fundó el Opus Dei. Movido siempre por el Señor, el 14 de febrero de 1930 fundó la Sección femenina del Opus Dei. Se abría así en la Iglesia un nuevo camino, dirigido a promover, entre personas de todas las clases sociales, la búsqueda de la santidad y el ejercicio del apostolado, mediante la santificación del trabajo ordinario, en medio del mundo y sin cambiar de estado.
    Desde el primer instante, con la bendición y el aliento del Ordinario del lugar, el Siervo de Dios se dedicó plenamente a esta misión, y el Señor le bendijo con frutos abundantes.
    Durante la guerra civil española, sin preocuparse por los peligros que le amenazaban, no abandonó su intensa actividad sacerdotal. Al final de la guerra regresó a Madrid, desde donde pudo dar mayor impulso a la labor de la Obra en España: a pesar de la absoluta carencia de medios, abrió nuevos Centros en numerosas ciudades y preparó la expansión fuera de la península ibérica.
    Muchísimos sacerdotes y laicos acudían al Siervo de Dios para la dirección espiritual. A petición de los Obispos y de los Provinciales de diferentes órdenes y Congregaciones religiosas, predicó gran número de ejercicios espirituales a sacerdotes y religiosos, además de los dirigidos a los laicos. Con su apostolado, suscitó muchísimas vocaciones de todas clases.
    EI 14 de febrero de 1943, Mons. Escrivá fundó, dentro del Opus Dei, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, haciéndose así posible la ordenación sacerdotal de algunos socios laicos del Opus Dei, con una disponibilidad total para la asistencia espiritual de los demás socios y de las actividades apostólicas promovidas por la Obra. Prácticamente toca el millar el número de profesionales de la Obra (médicos, abogados, ingenieros, periodistas, etc.) que, ya durante la vida del Siervo de Dios, recibieron las órdenes sagradas, dejando perspectivas profesionales muy florecientes para dedicarse enteramente al ministerio sacerdotal.
    En 1946 el Siervo de Dios se trasladó a Roma, donde fijo definitivamente su residencia. En 1947 obtuvo de la Santa Sede el decretum laudis para el Opus Dei que, el 16 de junio de 1950, recibio la aprobación definitiva como institución de derecho pontificio. Simultáneamente fue aprobada la Asociación de Cooperadores del Opus Dei, en la que podían ser admitidos también los acatólicos.
    Desde Roma, Mons. Escrivá estimuló y guió la difusión del Opus Dei en todo el mundo, prodigando todas sus energías para dar a sus hijas y a sus hijos una sólida formación doctrinal, ascética y apostólica. Ejemplar se demostró la dedicación del Fundador a la propia misión: fue incansable en el trabajo y, movido por su celo, llegó a emprender viajes muy duros y fatigosos por toda Europa y por América, también en épocas en que se encontraba gravemente enfermo. A pesar de las constantes estrecheces económicas, no se desalentó, y puso en marcha los oportunos instrumentos apostólicos, tanto en Roma como en otros países.
    Su celo se plasmó en una amplísima gama de iniciativas apostólicas que –como un mar sin orillas– se han extendido por los cinco continentes, en todos los sectores en los que más vivamente se experimenta la necesidad de que la verdad de Cristo ilumine el esfuerzo de los hombres: centros de formación profesional, de enseñanza elemental y media; universidades (Mons. Escrivá había fundado y era Gran Canciller de la Universidad de Navarra, en España, y de la Universidad de Piura, en Perú); ambulatorios médicos; clubs para la formación de la juventud; residencias para empleadas del hogar, para campesinos, para estudiantes universitarios; centros culturales; instituciones académicas de especialización; escuelas agrarias, etcétera.
    Con sus enseñanzas, el Siervo de Dios ha abierto un capítulo nuevo en la historia de la espiritualidad. Sus escritos han alcanzado una significativa difusión: basta con considerar que sólo el libro Camino ha tenido una tirada de tres millones de ejemplares, con traducciones en 34 lenguas. Semejantes son los datos que conciernen a las otras obras de Mons. Escrivá: Santo Rosario, Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, Amigos de Dios.
    El Siervo de Dios era doctor en Derecho y en Sagrada Teología; había sido nombrado Prelado doméstico de Su Santidad, Consultor de la Pontificia Comisión para la interpretación del Código de Derecho Canónico y Académico de Honor de la Academia Teológica Romana.
    En Roma, el 26 de junio de 1975, a mediodía, un repentino ataque cardíaco truncó su vida terrena. Murió después de recibir, cuando ya había perdido los sentidos, la absolución y la Unción de los Enfermos, que ardientemente había deseado toda la vida, dando repetidas veces a sus hijos indicaciones precisas en este sentido. También aquel día –según una confidencia hecha a cuatro socios de la Obra– había renovado el ofrecimiento de su propia vida por la Iglesia y por el Papa, durante la celebración de la Santa Misa, cuatro horas antes de morir .
    A la muerte del Siervo de Dios, el Opus Dei, difundido por los cinco continentes, contaba con más de 60.000 socios, en representación de 80 nacionalidades.
    La raiz de tanta fecundidad consiste en la actualidad del mensaje espiritual del Fundador del Opus Dei y, a la vez, en el vivo ejemplo que en primer lugar dio el mismo Siervo de Dios. Proclamando la llamada a la santidad a través de las ocupaciones cotidianas, enseñó que cada acción del hombre es santificable y santificante y contribuye a la edificación del Pueblo de Dios.
    Al enseñar que todos han de buscar la santidad en el marco de la vida ordinaria, Mons. Escrivá subrayó que el trabajo ha de considerarse como instrumento y ámbito de la santificación; por eso, mientras recalcaba la importancia de alcanzar la máxima perfección posible en el cumplimiento de los deberes temporales, insistía en la necesidad de desarrollarlos en unión con Dios mediante la gracia y con una piedad viva y sincera. De ahí su empeño en poner de relieve la primacía de los Sacramentos en la edificación de una existencia auténticamente cristiana, y en mover a las almas a la práctica de la oración.
    En la base de la espiritualidad del Siervo de Dios se halla una profunda percepción del misterio de Jesús, perfecto Dios y perfecto hombre, que se manifiesta en el entrelazamiento de lo divino y lo humano, en unidad de vida. En su vida personal demostró esta íntima fusión de contemplación y acción, de vida interior y actividad cotidiana. Las virtudes sobrenaturales se unían con las virtudes humanas, haciendo de él el ejemplo de una santidad entretejida de sencillez y naturalidad, construida de fidelidad en las cosas pequeñas. Vivía profundamente el sentido de la filiación divina, que se traducía en un confiado abandono en Dios Padre, en la primacía de la oración respecto al esfuerzo humano –que podía convertirse así en trabajo hecho con Dios y por Dios–, en un amor ardiente a la Humanidad Santísima de Cristo, en una devoción tierna y fuerte a la Virgen, a San José y a los Angeles Custodios, en un espíritu de sobrenatural optimismo y de contagiosa alegría.
    En consonancia con esta unidad de vida, el Siervo de Dios no consideró el apostolado como una actividad más junto a otras, ni como una misión reservada a algunos iniciados en las cosas eclesiásticas, sino como un deber constante que concierne a todos los fieles, como consecuencia de las gracias recibidas en el Bautismo y en la Confirmación y sucesivamente desarrolladas por los demás sacramentos, y que debe ejercitarse en cada situación de la jornada.
    Estas y otras enseñanzas –piénsese sobre todo en su consideración de la Santa Misa como centro y raíz de la vida interior, y en el amor que, consiguientemente, derrochó por el Sacramento de la Eucaristía y la liturgia toda– han aportado indudables beneficios también a los sacerdotes, para quienes la doctrina predicada por el Siervo de Dios está destinada a producir frutos de alcance insospechado.
    Mons. Escrivá vivió el propio ministerio como servicio desinteresado a la Iglesia, y enseñó a sus hijos, repartidos por el mundo, a actuar en firme unión con la Jerarquía ordinaria y en absoluta fidelidad al Magisterio, de modo que, en todas las diócesis donde trabaja el Opus Dei, la fidelidad al Romano Pontífice y la lealtad a la Jerarquía son inconfundibles características suyas.
    Un papel determinante en el mensaje de Mons. Escrivá lo desarrolla el amor a la verdadera libertad, valor tan agudamente sentido por la mentalidad contemporánea. En particular insistió sobre la libertad en las cuestiones temporales, indispensable en la acción de los cristianos en el mundo; quiso que siempre se ejercitase con la consiguiente responsabilidad y en el respeto de las normas establecidas por la fe y la moral, según los dictámenes del Magisterio de la Iglesia. Respetó escrupulosamente las legítimas opciones de todos los cristianos en materias opinables. Así defendió una propiedad irrenunciable de la vocación secular cristiana y salvaguardó la finalidad exclusivamente espiritual del Opus Dei.
    Digna de particular mención es la atracción que la espiritualidad del Siervo de Dios ejercita sobre los intelectuales: estudiantes, profesores universitarios y profesionales de las ramas más diversas advierten la gran fuerza de un mensaje en el que la vida interior y el empeño por alcanzar una seria competencia profesional constituyen dos aspectos igualmente necesarios de ese camino hacia Dios. Del mismo modo, empleados, campesinos, obreros, padres e hijos, hombres y mujeres, todos los componentes de la sociedad civil –la gente de la calle, como decía Mons. Escrivá– encuentran en este espíritu la ayuda para descubrir el divino designio de salvación que late en las más pequeñas realidades de la vida. Perennemente actual se muestra, pues, la figura de este sacerdote, y es punto de referencia desde el que la luz del apostolado cristiano se irradia sobre la sociedad de todos los tiempos.
    Lo confirma la vasta fama de santidad que circundó ya en vida al Siervo de Dios, respaldada por abundantes y autorizados testimonios. Desde que el Señor lo llamo a Sí, esta fama de santidad se ha ido progresivamente extendiendo, con significativa espontaneidad. Son millares las cartas –de eminentes personalidades y de gente común– llegadas al Santo Padre desde los más lejanos rincones de la tierra, con el fin de pedir la apertura de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios. Entre estas cartas, nos place recordar la de la Conferencia Episcopal del Lazio, con sus expresiones de gratitud por los frutos que sembró en Roma el celo sacerdotal de Mons. Escrivá. Personas de todas las condiciones sociales y de las más variadas nacionalidades atestiguan el cúmulo de favores, grandes y pequeños, espirituales y materiales, recibidos del Cielo por el recurso a la intercesión del Siervo de Dios. La cripta del oratorio de Santa María de la Paz, en la Sede Central del Opus Dei, en Roma, donde reposan los restos mortales del Fundador, es meta de una peregrinación ininterrumpida de fieles, que confían a su mediación ante Dios todas sus necesidades o le agradecen favores obtenidos.
    Ante esta realidad, el Presidente General del Opus Dei, Revmo. Mons. Alvaro del Portillo, nombró Postulador de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer al Rev. don Flavio Capucci, cuyo cargo fue legalmente reconocido el 4 de febrero de 1978. A petición del Postulador, persuadidos del beneficio que la acogida de nuestra súplica traería a la Santa Iglesia, con fecha 15 de marzo de 1980, dirigimos a la Sede Apostólica la instancia de concesión del Nihil obstat para la introducción de dicha Causa, adjuntando los documentos requeridos a ese fin por el Motu proprio Sanctitas clarior.
    Tras un atento estudio de la documentación, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, en el Congreso Ordinario del 30 de enero de 1981, concedió el Nihil obstat para que fuese introducida la Causa, El Santo Padre Juan Pablo II, el día 5 de febrero de 1981, ratificó y confirmó la decisión de la Sagrada Congregación.
    En virtud de lo expuesto, y de las facultades que nos competen a tenor del Código de Derecho Canónico y del Motu proprio Sanctitas clarior, DECRETAMOS la introducción canónica de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, Sacerdote, Fundador del Opus Dei, y la instrucción del correspondiente Proceso canónico para el día 12 de mayo de 1981.
    Ugo Card. Poletti Vic. Gen.
    Roma, 19 de febrero de 1981

  2. Ivan dice:

    Primera respuesta al comentario anterior:

    PROCESO Y PROFESIONALIDAD
    Sobre la falta de rigor en la causa de beatificación de Escrivá de Balaguer
    Extraído del libro “La fabricación de los santos”

    Autor: Kenneth L. Woodward

    Mientras la creación de santos se consideró un asunto del derecho canónico y de sus juristas, gozó de cierta fama de profesionalidad, por muy exagerada que fuese. Una profesión es un gremio que exige, a quienes se admiten a su ejercicio, unas ciertas pautas relativas a conocimientos, competencia y conducta. Pero, desde la reforma de 1983 (y sospecho que desde mucho antes), resulta evidente que no existen unas pautas profesionales claras y rigurosas para quienes dirigen la Congregación para la Causa de los Santos ni -lo cual es más importante- para quienes cumplen funciones de relatores, de postuladores y, sobre todo, de asesores teológicos.

    Como sucede también en otros departamentos de la Santa Sede, el jefe de la congregación es nombrado por criterios políticos. A su retiro en 1989, por ejemplo, al cardenal Palazzini lo sustituyó el también cardenal Angelo Felici, un hombre que no posee ninguna competencia particular -y absolutamente ninguna experiencia- en la creación de santos. A los relatores se les exige, como hemos visto, cierta calificación teológica y lingüística, pero no se requiere un doctorado en historia, disciplina que se diría necesaria para apreciar los documentos y testimonios históricos. Se prefiere la especialización en teología espiritual, aunque no todos los relatores y asesores pueden preciarse de ser particularmente competentes en teología de la vida espiritual ni se ha encontrado a suficientes hombres que cumplan los requisitos lingüísticos necesarios. Por tanto, la congregación se ve obligada en ocasiones a recurrir a especialistas externos, que carecen de experiencia en la preparación y el enjuiciamiento de las causas.

    La verdad es que la congregación elige a los mejores hombres que puede conseguir. A diferencia del cuerpo diplomático del Vaticano, la congregación no tiene ninguna escuela profesional para la formación de hacedores de santos, aunque ofrece un “studium”: una serie de lecciones para los colaboradores y funcionarios de los tribunales diocesanos. En su mayoría, los hacedores de santos son hombres inteligentes que, al igual que muchos administradores universitarios, obtienen el doctorado y, después, se especializan, por circunstancias a menudo fortuitas, en un ámbito al que no habían previsto dedicarse. La competencia en la creación de santos es, pues, algo que se aprende sobre la marcha, y sus mejores practicantes son producto de larga experiencia y duro trabajo.

    Nada de eso debería sorprendemos; a fin de cuentas, las grandes empresas están llenas de ingenieros convertidos en vendedores, vendedores convertidos en funcionarios administrativos y ejecutivos de alto nivel que de jóvenes estudiaban literatura comparativa; pero, a diferencia de una empresa bien administrada, el Vaticano no siempre recompensa la competencia con las responsabilidades correspondientes y, además, en estos años de escasez de vocaciones al sacerdocio, las congregaciones del Vaticano tienen que apañárselas con los talentos que están a su alcance; y no hay mucha competencia, según descubrí, para el cargo de relator de la congregación ni para el de postulador general de las órdenes religiosas más importantes.

    Lo cual no quiere decir que los hombres que trabajan en la congregación o colaboran con ella sean de segunda fila. Igual que otros órganos de la Santa Sede, la congregación depende de un surtido bastante variado de talentos, en gran parte mediocres y, en algunos caso, bastante elevados. El problema es, en mi opinión, que todos esos hombres trabajan dentro de un sistema que es deficiente en lo relativo a los controles y los mecanismos de equilibrio que cabe esperar de una profesión; un sistema que deja un margen excesivo a opiniones, presiones y caprichos subjetivos.

    El mayor defecto es que todos los que están involucrados directamente en una causa tienen motivos para desear su éxito. Esto vale particularmente para el postulador, que trabaja para el promotor de la causa, y vale para el colaborador (o colaboradores), que es invariablemente alguien ya convencido de la santidad del candidato. De hecho, la mayoría de los colaboradores, como Elizabeth Strub, que escribió la “informatio” sobre Comelia Connely, se reclutan de las mismas órdenes religiosas que patrocinan las causas o, si no, .de la diócesis que se beneficiará de la canonización, como Joseph Martino, de Filadelfia que preparó la “positio” de Katharine Drexel. En el caso del cardenal Newman, el autor de la “positio”, el padre Vincent Blehl, es un estudioso que ha dedicado la mayor parte de su vida adulta a editar los escritos del candidato, enseñar sus pensamientos y promover su causa. En la práctica, parece que sólo los ya convencidos están dispuestos a realizar el trabajo requerido para producir el texto clave en que se basa el juicio de santidad. Pero un proceso genuinamente profesional exigiría que esas importantes tareas fuesen asignadas a personas competentes que no tuvieran ningún interés personal ni profesional en el resultado de la causa.

    Otro defecto flagrante es que la congregación carece de un procedimiento que asegure que las “positiones” sean juzgadas por un equipo, desinteresado, de asesores teológicos. Los jueces del Tribunal de Rota, que entiende de anulaciones de matrimonios y otros asuntos legales, se eligen por rotación y por orden cronológico; pero, en la Congregación para la Causa de los Santos, es el promotor de la fe quien elige a los asesores teológicos de cada causa. Ello obedece, según me dijeron, a razones prácticas: la congregación prefiere a los asesores que conozcan la lengua y la cultura del candidato, y en todo caso, debe elegir entre aquellos que, en un momento dado, estén disponibles para ocuparse de la causa. Pero, como hemos visto en el caso del papa Pío IX, la congregación pasó por alto al único asesor, de los que tenía en la lista, que era biógrafo del candidato y experto en su vida -el padre Giacomo Martina-; presuntamente, porque se sabía de él que no acababa de creer en la santidad del candidato. En ese caso, de todos modos, el promotor de la fe podría haber actuado de una manera más profesional si hubiera elegido a una comisión que incluyera en proporción equilibrada a los más notorios partidarios y adversarios de un candidato tan controvertido. El hecho de que no lo hiciera puede haber sido efectivamente uno de los motivos de por qué Juan Pablo II creó otro comité paraque lo asesorara acerca de la conveniencia o no de poner en práctica el veredicto favorable de los teólogos.

    Sean cuales sean las razones prácticas por las que se asigna la redacción de la “positio” a los proponentes de la causa y se deja la elección de los jueces a discreción del promotor de la fe, la ausencia de unos procedimientos profesionales expone el sistema a las acusaciones de manipulación.

    Imagínense, por ejemplo, una causa en la que el papa y gran parte de la jerarquía católica del mundo entero estén notoriamente a favor de la canonización del candidato; imagínense también que el candidato sea el. fundador de una nueva organización religiosa, cuya lista de afiliados se mantiene en secreto, pero sus miembros están decididos a revalorizar la organización mediante la canonización de su fundador; imagínense, además, que varios funcionarios de alto rango de la congregación simpaticen abiertamente con la organización y con la causa del fundador. Pueden suponer, entonces, a qué presiones se hallará sometido el relator de la causa, de quien se espera que sea impermeable a influencias externas e independiente en su juicio. Sin un sistema de selección desinteresada de los jueces, ¿qué garantía tiene la Iglesia de que una causa así sea procesada con estricta imparcialidad, de que los asesores teológicos sean elegidos con estricta imparcialidad; y, sobre todo, si se tiene en cuenta que los nombres de los jueces y sus votos se mantienen en secreto hasta mucho después de dictarse la sentencia?

    Tales pensamientos acuden a la mente, de un modo inevitable, cuando observamos los asombrosos progresos de la causa de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Escrivá murió el 26 de junio de 1975. Para los miembros del Opus Dei, una organización mundial de sacerdotes y laicos, Escrivá es “El Padre”, cuyo libro de 999 máximas espirituales, “Camino”, ilumina el sendero que conduce a la perfección espiritual y a la “cristianización” del mundo secular. Mucho antes de su muerte, El Padre era considerado un santo dentro del Opus Dei, un líder guiado por Dios y cuya visión personal de la vocación cristiana ofrece un camino seguro a la salvación a quienes se someten a la disciplina del movimiento. Juan Pablo II es un admirador devoto de Escrivá: en 1984, dijo en una reunión internacional del Opus Dei que “tal vez en esta fórmula [el "trabajo de Dios" para la cristianización de la sociedad] esté la realidad teológica, la esencia, la naturaleza misma de la vocación de la época en que vivimos y en que habéis recibido la llamada del Señor”.

    Para los críticos, en cambio, Escrivá era un hombre bastante vanidoso, que toleraba de buen grado el culto que se rendía a su persona (en sus escritos, su título elegido de “El Padre” resulta a veces difícil de distinguir, en el contexto, del “Padre” invocado por Jesucristo), y el líder de un movimiento casi sectario en el seno de la Iglesia, cuyos miembros se parecen a los mormones por su afición a los ritos privados, las sociedades secretas, la preocupación meticulosa por el vestir correcto, los modales recatados, y ante todo, por su convicción inquebrantable de que ellos y sólo ellos han hallado la forma que el catolicismo debe adoptar en su lucha implacable contra el mundo, la carne y el demonio.

    Dado que el Opus Dei no publica los nombres de sus miembros ni está fácilmente dispuesto a identificar sus operaciones seculares, sus adversarios lo han acusado de constituir una quinta columna conservadora en la Iglesia y en la sociedad. Puesto que el Opus Dei es una prelatura personal, sus agentes reciben sus directivas de su superior en Roma; en ese sentido, funcionan independientemente de los obispos locales. En España y en varios países latinoamericanos, es considerado una fuerza poderosa en la política, la educación, los negocios y el periodismo. Sea verdad o no -pues no es fácil conseguir información objetiva sobre la organización-, algunos ex miembros han atestiguado la naturaleza casi sectaria de su experiencia con el movimiento, especialmente la tendencia a separar en ciertas situaciones a los miembros más jóvenes de sus familias naturales si los padres son hostiles al Opus Dei. Lo que preocupa a los padres -y no deja de ser comprensible- es la insistencia en que los miembros reciban su dirección espiritual, incluida la confesión de los pecados, exclusivamente de los sacerdotes del movimiento. Visto que muchos hombres y mujeres jóvenes, incluso con veinte o treinta años, son a menudo inseguros y psicológicamente inmaduros, algunos padres se sienten preocupados por los efectos que la organización pueda tener en sus hijos; sobre todo, al tratarse de jóvenes adultos que hacen votos de castidad perpetua y conviven en “familias” del Opus Dei, mientras continúan dedicándose a ocupaciones seglares.

    A su vez, la organización niega constituir una sociedad secreta o perseguir otra finalidad que la perfección espiritual de sus miembros. El Opus Dei atribuye a su fundador el descubrimiento de que la santidad es para todos, no sólo para el clero y los religiosos, aunque en realidad esa idea “revolucionaria” no tiene nada de novedoso. Sin embargo, la organización ha reclutado de manera agresiva a muchos católicos seglares con estudios superiores Y ambiciones profesionales, inculcándoles -como hacían tradicionalmente los colegios y las universidades de los jesuitas- la idea de que un buen abogado u hombre de negocios sirve tanto a Dios como un clérigo. El Opus Dei afirma contar con setenta y seis mil afiliados laicos y mil trescientos sacerdotes en el mundo entero; y, tal como sus miembros la describen ahora, la organización es poco más que una asociación disciplinada y ultraortodoxa de católicos romanos que viven, de forma muy parecida a los terciarios de las órdenes religiosas tradicionales, una vida casi monástica en el mundo mientras continúan con sus carreras seglares.

    Lo que efectivamente distingue a los miembros del Opus Dei de otros católicos piadosos es la devoción a Escrivá y a sus escritos. En ese aspecto, se parecen a los jesuitas, que reciben su formación espiritual de los “Ejercicios espirituales” de su fundador, Ignacio de Loyola. Ignacio es un santo canonizado, y vista la decisión de Escrivá de iluminar el camino de santidad para los miembros del Opus Dei, resulta comprensible que hagan cuanto puedan para que su vida y obra sean revalorizadas mediante una declaración de santidad. Pero, a juzgar solamente por sus escritos, Escrivá era un espíritu nada excepcional, de escasa originalidad y de ideas a menudo banales; personalmente inspirativo quizá, pero falto de descubrimientos originales. La colección de sus 999 sentencias apodícticas revela una notable dosis de intolerancia, desconfianza ante la sexualidad humana y torpeza en la expresión; a lo más, un “Poor Richard” católico sin los ocasionales rasgos de ingenio de Benjamin Franklin:

    15. No dejes tu trabajo para mañana.

    22. Sé recio. -Sé viril. -Sé hombre. -y después… sé ángel.

    28. El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo. -Así, mientras comer es una exigencia para cada individuo, engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse las personas singulares. ¿Ansia de hijos?.. Hijos, muchos hijos, y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne.

    61. Cuando un seglar se elige en maestro de moral Se equivoca frecuentemente: los seglares sólo pueden ser discípulos.

    132. No tengas la cobardía de ser “valiente”: ¡huye!

    180. Donde no hay mortificación no hay virtud.

    573. Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón.

    625. Tu obediencia no merece ese nombre si no estás decidido a echar por tierra tu labor personal más floreciente, cuando quien puede lo disponga así.

    814. ¡Un pequeño acto, hecho por Amor, cuánto vale!

    Los santos, por supuesto, no necesitan ser elocuentes; pero quien ofrece su dirección a otros debería mostrar cierta agudeza de percepción espiritual y un nivel discernible de profundidad. Sólo hay que comparar lo que escribió Escrivá con, digamos, las columnas de Dorothy Day para “The Catholic Worker”, los escritos de Romano Guardini sobre el espíritu del catolicismo o los ensayos de Simone Weil sobre la búsqueda de Dios, para percatarse de que los dones de aquél, sean cuales sean, no incluyen un conocimiento profundo del alma ni de la época en que vivimos.

    Existen, pues, suficientes interrogantes acerca del Opus Dei y de su fundador para justificar la tradición de los hacedores de santos de proceder despacio con las causas controvertidas. Y, sin embargo, el 9 de abril de 1990, sólo quince años después de su muerte, Escrivá fue declarado heroicamente virtuoso por Juan Pablo II. Además, el postulador, el padre Flavio Capucci, miembro del Opus Dei, tiene tres milagros de intercesión muy prometedores sobre los que ha estado trabajando. Con un poco de suerte, Escrivá ganará la palma a Teresa de Lisieux, cuya canonización a los veintitrés años de su muerte sigue siendo el récord moderno. ¿Por qué tanta prisa?

    Cuando hablé en 1987 por primera vez con el padre Eszer, el relator de la causa, no insinuó en ningún momento que la “positio” sobre la virtud heroica de Escrivá estuviese casi acabada; pero, después de que éste fuera declarado venerable, Eszer habló con menos reserva. En primer lugar, la solicitud formal de abrir la causa la presentó en la fecha más temprana posible, a los cinco años de la muerte, el cardenal Ugo Poletti, vicario de Roma. En segundo lugar, el apoyo a la causa incluía cartas de sesenta y nueve cardenales, doscientos cuarenta y un arzobispos, novecientos ochenta y siete obispos -casi un tercio del espiscopado católico-, más cuarenta y un superiores de órdenes y congregaciones religiosas. No se sabe cuántos de ellos son además miembros del Opus Dei. En todo caso, la organización afirma contar con el apoyo de decenas de miles de personas en el mundo entero, de modo que cabía esperar una verdadera avalancha de peticiones en favor de la causa de Escrivá.

    Y en tercer lugar, los dirigentes del Opus Dei estaban preparados para el proceso. Puesto que ellos consideraban a su fundador un santo desde hacía mucho tiempo, habían reunido ya hasta el último trozo de papel escrito sobre él. En total, los documentos y testimonios sumaban veinte mil páginas.

    -La mayor parte de mi trabajo consistió en suprimir las repeticiones -me dijo Eszer-. No podemos darles a leer a los asesores teológicos toda una biblioteca.

    El resultado fue que la “positio” definitiva tenía seis mil páginas.

    -¿Cómo ha podido acabar usted tanto trabajo en tan poco tiempo? -pregunté.

    -No tuve mucho que hacer. La “positio” la escribió el postulador, que tenía a cuatro profesores universitarios del Opus Dei trabajando para él.

    -Creía que las “positiones” se escribían bajo la dirección del relator.

    -Bueno, yo llevaba el control, pero ellos lo hicieron todo. Yo veía solamente al postulador, nunca a los otros. Esa gente del Opus Dei es muy diligente y muy discreta.

    -Entonces, ¿usted revisó la “positio”?

    -No, yo sólo eliminé los testimonios redundantes.

    Resulta que las declaraciones de los testigos fueron recogidas en dos procesos, uno de los cuales se celebró en Madrid y el otro en Roma. En total, los tribunales escucharon a noventa y dos testigos; cuarenta y cuatro de ellos eran laicos. Eszer ignoraba cuántos pertenecían al Opus Dei y tampoco estaba en condiciones de indicar, según él, cuántos declararon en contra de la causa, si es que alguno lo hizo.

    -Seguramente -apunté-, visto el carácter sumamente controvertido del hombre y de su movimiento, debió de haber adversarios.

    -Las únicas críticas al Opus Dei que he leído -repuso Eszer venían de antiguos miembros, de gente que lo dejó.

    Con eso daba a entender que esas personas no le parecían unos testigos dignos de crédito.

    -Bueno, entonces -insistí-, ¿alguno de los jueces dio un voto negativo?

    -Eso no se lo puedo decir -contestó Eszer, indicando que no quería.

    Algún día, el público llegará a conocer la “positio” de Escrivá y quizá también los votos de los jueces; hasta entonces, nadie sabrá en qué grado los aspectos dudosos del hombre y de su obra se airearon como es debido. Puede que Escrivá haya sido verdaderamente el gran santo que el Opus Dei afirma que fue, pero la rapidez y la facilidad irrestricta con que su caso fue tratado por la congregación plantea muchos interrogantes acerca del proceso mismo; en lo que se refiere al rigor, la imparcialidad, la profesionalidad y la libertad de presiones eclesiásticas y política espiritual.

  3. Ivan dice:

    Segunda respuesta al texto aportado más arriba por Jesús:

    DOCUMENTO DE EXCLUSIÓN DE IMPORTANTES TESTIGOS EN EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE ESCRIVÁ

    Declaración

    In Dei Nomine. Amen.

    En Madrid, a 12 de septiembre de 1984, se reúnen el Juez, los Cojueces, los Cojueces adjuntos, los Promotores de Justicia y los Actuarios, que constituyeron el Tribunal que instruyó el Proceso Cognicional matritense sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios Jose-maría Escrivá de Balaguer, sacerdote, Fundador del Opus Dei, que tuvo su última sesión -la 6061- el pasado 26 de junio de 1984.

    Movidos por determinados hechos o acontecimientos ocurridos, una vez clausurado el Proceso cognicional, consideran necesario, con el fin de evitar eventuales y futuras dificultades, hacer la siguiente,

    DECLARACIÓN

    1. El pasado 26 de enero, el Promotor de Justicia del Tribunal que ha instruido el Proceso elevó una consulta a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, dirigida al Emmo. y Rvmo. Sr. Cardenal Prefecto, sobre la conveniencia o no de recibir la declaración de doña María Angustias Moreno Cereijo -incluida en la “Notula testium” presentada por el Vicepostulador y la aprobada por la Sagrada Congregación-, por haberse manifestado reiterada y públicamente hostil a la Causa.

    Nuestra consulta tuvo la oportuna respuesta de la Sagrada Congregación, en una carta de su Cardenal Prefecto fechada el 10 de febrero pasado (Prot. N. 1339-28/984), en la que se afirma ser “del todo desaconsejable que esa persona comparezca como testigo en un Proceso Canónico”.

    2. El pasado 25 de junio, la víspera del día señalado por sesión de clausura dc este Proceso Cognicional, doña María Angustias Moreno Cereijo se entrevistó con el Promotor de Justicia -M.I. Sr. D. Ricardo Quintana- manifestando que quería declarar en el Proceso. El Promotor de Justicia le contesto que su nombre había sido incluido por el Vicepostulador en la lista de los testigos presentada al Tribunal; y le recordó que, cuando el Vicepostulador le escribió expresamente para informarle de este hecho y para ofrecerle la psibilidad de encontrarse con algún miembro del Tribunal, con el fin de conocer directamente los deberes de los testigos en los Procesos de Beatificación, ella no respondió a esa carta, que había recibido. La citada señorita Moreno Cereijo confirmó estos hechos al Promotor de Justicia, y éste le explicó que ya no era posible recoger su declaración, porque el Tribunal había terminado las diligencias en Madrid. No pareció oportuno darle más explicaciones, dejando así abierta la posibilidad -pues así se le comunicó expresamente- de que se dirigiera a la Sagrada Congregación.

    Los Jueces de este Tribunal matritense fuimos informados puntualmente por el Promotor de Justicia de su conversación con esta persona, “ya positivamente excluida” por consejo de esa Sagrada Congregación para ser oída como testigo, y aprobamos unánimemente su línea de conducta.

    3. Ante la posibilidad de que la Srta. María Angustias Moreno escriba a ese Dicasterio, queremos señalar ahora que, después de que este Tribunal, apoyándose en el dictamen de la Congregación (Prot. N. 1339-28/984), excluyó a la Srta. Moreno como persona indigna de comparecer como testigo, ella tuvo otra actuación pública que nos confirmó en la justicia de nuestra decisión. Nos referimos a su intervención en un programa de la Televisión española sobre el Opus Dei, titulado “La Clave” emitido el pasado 25 de mayo de 1984. Este programa se inscribe en el contexto de serios y repetidos ataques a la Iglesia desde Televisión española, que han motivado protestas en diferentes medios de comunicación social. Su violencia ha sido tan marcada que la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social consideró necesario denunciarlos públicamente en un mensaje, en el que, entre otras cosas, se decía que “en espacios de la programación, situados en horas de máxima audiencia, se han violado incontables veces los compromisos constitucionales y concordatorios del respeto a los sentimientos de los católicos y, en general, de los creyentes”. En una entrevista concedida al diario ABC (Madrid, 1.VI.84), el Presidente de la Comisión Episcopal, Mons. Antonio Montero, afirmó que los programas de televisión titulados “España, historia inmediata: una Iglesia arraigada” y “La Clave” -dedicado, este último, al Opus Dei- son: “dos botones que muestran que no hablamos gratuitamente en la declaración episcopal”. Estas intervenciones de la autoridad eclesiástica española confirman, por tanto, que -dentro de esa línea de ataque a la Iglesia- las calumnias de doña María Angustias Moreno en contra del Opus Dei hieren gravemente la conciencia de los católicos; y demuestran, además, que no se trata sólo de posturas ideológicas personales, sino de una campaña orquesta por grupos abiertamente hostiles a la Iglesia, en la que ésta y otras personas intervienen directamente o a través de otras.

    4. Una vez más ha quedado patente la actitud pertinaz con la que la Srta. María Angustias Moreno busca toda clase de medios para desprestigiar al Opus Dei y a su Fundador. Y, una vez más, por el modo escogido para lanzar sus ataques, salta a la vista que no duda en tomar caminos gravemente ofensivos para la fe y la moral, como ya sucedió en ocasiones anteriores: recordamos lo que la Sagrada Congregación nos comunicaba en su carta al Promotor de Justicia (Prot. N. 1338-28/984) donde, refiriéndose al estudio que había hecho de los argumentos aducidos por la Srta. Moreno y por otro testigo contrario, afirmaba: “Ya entonces, en 1981, se consideró la posición de estos dos posibles testigos, y llamó la atención la forma de actuar de ambas personas, tanto por el contenido de sus afirmaciones como por los medios empleados para lanzarlas a la pública opinión, hasta el punto de que el Excmo. Secretario Mons. Casona rogó al Postulador de la Causa que retuviera las revistas pornográficas en las que tales personas hacían sus declaraciones, sin dejarlas en la sede de este Dicasterio, por razón de la degradación moral de tales revistas”.

    5. Pero no se trata aquí tan sólo de la postura de la Srta. Moreno: en este sentido consideramos que el Tribunal cumplió con su deber al remitir su juicio sobre esa persona a la Sagrada Congregación. Deseamos dejar constancia ahora, sobre la manera en la que sus maniobras están desarrollándose. Después de que tuvimos conocimiento de los deseos de declarar en este Proceso -tanto por parte de doña María Angustias Moreno, como de otras personas a las que ella se refería-, los hechos nos han llevado a la conclusión indudable de que estamos frente a una campaña organizada por un pequeño grupo, coordinado por la Srta. Moreno y dirigido fundamentalmente contra el Opus Dei, más que contra la persona del Siervo de Dios. Efectivamente, en la conversación que tuvo con el que fue Promotor de Justicia, el día anterior de la sesión de clausura del Proceso, la Srta. Moreno habló insistentemente de “otras personas”, que estaban “unidas a ella” en el mismo deseo de testimoniar en el Proceso Cognicional del Siervo de Dios. Aunque no dio ningún nombre al Promotor de Justicia, nos sentimos movidos, en conciencia, a precisar esta información, recogiendo los datos que hemos podido reunir durante la instrucción del Proceso de Madrid.

    6. Efectivamente, durante el Proceso, el Tribunal trató de obtener información sobre personas que hubieran tenido relación con el Siervo de Dios y que pudieran o debieran ser llamadas como testigos. Pudimos así averiguar que hay un grupo de personas, en el que todas se muestran unidas a doña María Angustias Moreno en esa misma fundamental actitud de aversión al Opus Dei, que no dudan en descargar, cuando pueden, sobre el Siervo de Dios, como Fundador de esta Institución. Tras una madura reflexión común, a partir de “los datos de hecho reunidos” y de la negativa experiencia al recoger la declaración del Sr. Alberto Moncada, el Tribunal consideró que todas esas personas debían ser excluidas del Proceso, por las mismas razones por las que se había excluido a doña María Angustias Moreno, cabeza de ese grupo, de acuerdo con el parecer manifestado por la Sagrada Congregación en su ya citada carta del 10 de febrero de 1984.

    La mayoría de esta personas son las que firmaron una carta colectiva contra el Opus Dei que apareció en el Diario de Barcelona del 30.1.1977 y que fue reproducida después en otros órganos de opinión y en revistas de carácter sensacionalista o de inspiración marxista.

    7. Los firmantes de esa carta son personas que pertenecieron al Opus Dei y que luego abandonaron su vocación: son todas mujeres, excepto el Sr. Alberto Moncada, que fue oído en el Proceso Congnicional del Siervo de Dioscomo testigo inducido por el Vicepostulador, y el Sr. Enrique Sopena, un periodista cuya opinión carece de interés para el Proceso, ya que no trató nunca al Siervo de Dios. Hemos podido saber que, a las 21 mujeres firmantes, únicamente dos -doña Pilar Navarro Rubio y doña María Jesús Hereza- tuvieron ocasión de tratar al Siervo de Dios. La Srta. Hereza -que también apareció en los injuriosos programas de televisión “Informe semanal” del ll.XII.82 y “La Clave” del 25.V.84, al que ya nos hemos referido-, diez días después de cerrado el Proceso, escribió al Promotor de Justicia una carta a la que él respondió el l2.VII.84. Eran esas dos personas, además, las únicas que habían expresado al Promotor de Justicia, en una conversación a las pocas semanas de iniciarse el Proceso -en 1981-, su deseo de intervenir. La Srta. Hereza entregó al Promotor de Justicia un escrito, de fecha 1.IX.81, ofensivo contra el Opus Dei, que el Promotor de Justicia puso en manos del Sr. Cardenal Tarancón, entonces Arzobispo de Madrid.

    8. Por estas razones, y a sugerencia del Promotor de Justicia, el Tribunal consideró especialmente la oportunidad de convocar a estas dos mujeres, antes de elegir los testigos que debían ser llamados ex officio: tras un cuidadoso examen de los datos fidedignos que recogimos, concluimos que debían ser rechazadas como posibles testigos, por los mismos motivos por los que se había excluido a doña María Angustias Moreno.

    En esa decisión de excluir a estas dos personas -María Jesús Hereza y Pilar Navarro-, tuvimos muy presentes las palabras del último párrafo de la carta de la Sagrada Congregación, ya citada anteriormente: “el recto sentido de la justicia confirma siempre la certeza de que en nada puede servir a la verdad quien no duda en ofender a la fe”; por otra parte, en su ya mencionada carta, la Sagrada Congregación nos aseguraba que, “para preparar los Interrogatorios, se tuvieron ya en cuenta los libelos de esos dos Testigos (el Sr. Moncada y la Srta. Moreno), con lo que se ha dado pie a todos los que han intervenido en los testimonios, para arrojar la luz necesaria en el conocimiento exhaustivo de la vida del Siervo de Dios, también sobre los puntos en que esas personas atacan al Siervo de Dios”. En esos libros de doña María Angustias Moreno y de don Alberto Moncada -entregados por el Postulador de la Causa a la Sagrada Congregación- se recogen con detalle las mismas acusaciones que las Srtas. Navarro y Hereza repiten contra el Opus Dei, y contra el Siervo de Dios.

    9. Además, se adhirieron a esta carta colectiva don José María González Ruiz, el Sr. Enrique Miret Magdalena y el Sr. Luis Carandell, personas que nunca pertenecieron al Opus Dei, ni trataron al Siervo de Dios, y de las que es pública, en cambio, su aversión al Opus Dei.

    10. Aunque no figura entre los firmantes de la carta citada, forma también parte de este grupo doña María del Carmen Tapia, que perteneció al Opus Dei. Hemos sabido que tuvo una decisiva participación en los preparativos del programa “La Clave”, que Televisión española ha dedicado al Opus Dei. Durante el programa fue citada en varias ocasiones, tanto por el Director de “La Clave”, como por doña María Angustias Moreno. Reside habitualmente en California (USA), pero hace viajes frecuentes a España y ha mantenido relación con la Srta. Moreno. Su manifiesta hostilidad al Opus Dei -y, de rechazo, a la Causa- queda también patente en las dos extensas cartas, unas publicada en el diario El País (Madrid, 17.XI.1981), y la otra, anterior, dirigida a la Srta. Moreno para solidarizarse con el primer libro publicado por ésta contra el Opus Dei, y transcrita en su segundo libro.

    11. Otra persona a la que debemos referirnos es don Antonio Pérez Hernández, que perteneció al Opus Dei. El Sr. Pérez Hernández se ordenó de presbítero en 1948 y abandonó el ministerio en 1965, atentando el matrimonio civil en México, con la expresa intención -manifestada por el mismo interesado- de evitar cualquier camino que le hiciera volver al Opus Dei. Su nombre salió algunas veces en las declaraciones, especialmente en la del Sr. Alberto Moncada, quien dijo que gran parte de su información se la había facilitado el Sr. Pérez Hernández, en la que inspiró muchas cosas de sus libros, aunque nunca lo cita explícitamente, porque fue la condición que le impuso. Estas informaciones calumniosas para el Opus Dei y para el Siervo de Dios, las utilizó el Sr. Moncada también para hacer la declaración, en la que -como ya informamos a la Sagrada Congregación en las cartas que escribieron los Jueces y los Promotores de Justicia el 26 de junio de 1984- se limitó a vomitar su odio hacia el Opus Dei. Ese sacerdote secularizado, don Antonio Pérez, también se solidarizó con la acción pública de la Srta. Moreno contra el Opus Dei mediante una carta, que la misma Srta. Moreno publicó en su libro “La otra cara del Opus Dei” (1978). Con estos datos, es obvio que el Tribunal no lo podía considerar fidedigno para tomarlo siquiera en consideración con vista a oírle como un hipotético testigo ex officío.

    12. Si fuese necesario, podríamos abundar en la documentación sobre estas cuatro personas, pero consideramos que la incluida en este documento será suficiente para que conste la enemistad, pública y grave, que han manifestado estas personas contra el Opus Dei y, en consecuencia, también hacia la Causa que hemos estado instruyendo, aparte del daño que han inferido la Iglesia y a las almas colaborando, de forma más o menos directa, en medios de comunicación social sectarios y adversos a la Iglesia: siempre con la finalidad de atacar al Opus Dei.

    13. En el estudio que hizo el Tribunal para determinar los testigos que debían ser aceptados como “ultroneos”, o llamados “ex officio” -con intención de incluir, desde el inicio del Proceso, a los posiblemente adversos (C.I.C. entonces vigente, c.2033, y Normas de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos de 7.11.83, n. 21 a)-, se revisaron también Otros nombres que conocimos a través del examen de los testigos del Proceso, o por sugerencia del Promotor de Justicia. Así, surgió la posibilidad de citar a un arquitecto de Madrid, el Sr. Miguel Fisac Serna, que perteneció al Opus Dei desde 1936 a 1955. El Sr. Fisac había dirigido al Cardenal Tarancón una carta (sin fecha), en la que expresaba su deseo de ser oído en el Proceso, y un escrito, con fecha 29.1.82, que el Sr. Cardenal entregó al Promotor de Justicia para información, y que el Promotor de Justicia devolvió al Sr. Cardenal, en espera de presentarlos al Tribunal cuando terminaran de testimoniar los testigos inducidos por la Postulación y hubiera de decidirse sobre otros posibles testigos. Según nos informa el que fue Promotor de Justicia, el Cardenal Tarancón le dijo que el Sr. Fisac, a la vez que presentó su carta, manifestó al Cardenal serias dudas de presentarse a declarar, poniendo de manifiesto su conducta contradictoria, propia dc su inestabilidad emocional y temperamental. El Promotor de Justicia, preguntado a este respecto por el Sr. Cardenal, respondió que el Sr. Fisac siempre conservaba su libertad de hacer una declaración escrita, debidamente autenticada. Tampoco lo llamamos, porque nos consta que se trata de una persona psíquicamente desequilibrada: escrúpulos patológicos con manifestaciones de carácter obsesivo, situación de ansiedad permanente y manía persecutoria -como el mismo interesado reconoce en alguna entrevista a la prensa-, que no ofrece garantías de dar un testimonio objetivo. Hemos comprobado que sus acusaciones contra el Opus Dei y contra el Siervo de Dios, están sustancialmente recogidas en los libros de la Srta. Moreno y del Sr. Moncada, que ya conoce la Sagrada Congregación.

    Esperamos que esta Declaración, en el caso de que fuese necesaria para un ulterior estudio del Proceso, sea considerada como complemento imprescindible de la información que dimos en las cartas que firmamos los Jueces y los Promotores de Justicia el pasado 26 de junio de 1984, al terminar la sesión 606 -la última- del Proceso Cognicional matritense.

    Hecha en Madrid, en el día, mes y año ut supra.

    P. Rafael Pérez, O.S.A., Juez
    Julián Sancho, Cojuez
    José Gálvez Díaz, Cojuez
    Feliciano Gil, Cojuez adjunto
    Manuel Garrido, O.S.B., Cojuez adjunto
    Ricardo Quintana, Promotor de la Fe
    Joaquín Aznar, Promotor de la Fe adjunto
    Antonio San Miguel, Actuario
    Rafael Quintana, Actuario adjunto

    Vidi et probavi:

    L + S / Matriti, 12 Septembris 1984
    + Angelus Suquía
    A rch. Matrirensis-Complutensis.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 95 seguidores

%d personas les gusta esto: