Los Forofos Supernumerarios Externos Del Opus Dei
Ivan de ExOpus
En un escrito anterior vimos como una de las maneras de ser arrancado del Opus Dei es a través del corazón, por enamorarse de alguien, lo que crea un estado incompatible con el celibato que exige la Obra.
Caracteristicas de esta situación.
1) Aparece de golpe, el sujeto no la prevé. Por lo que no se acompaña de un juicio crítico sobre el Opus Dei (ya que su protagonista es el corazón y no la cabeza).
2) Lo que implica que siguen actuando dentro del sujeto todas las maldiciones que la Obra predica de los que voluntariamente la dejan (que la vocación al Opus Dei es el don más grande que Dios les ha dado después del de la Fe, como afirmaba su Fundador, o que dejar la Obra es condenarse a la infelicidad temporal y eterna, o que prefiero que me digan de un hijo mío que ha muerto antes que ha perdido la vocación, o que no doy ni cinco céntimos por el alma de quien haya dejado el Opus Dei, o rezad para que Dios os permita morir antes que dejar la Obra…).
3) El sujeto queda malparado ante su propia conciencia puesto que no ha cumplido los avisos que la Obra le dio para no llegar a la situación de «traicionar por una debilidad de la carne el don inmenso de la vocación» (extremar el cuidado en las relaciones con personas del otro sexo, hasta el punto de llegar a ser maleducado si es preciso).
4) El Opus Dei queda justificado de cara a la galería, ya que no es por una imperfección suya por lo que esa persona se va, sino porque fue incapaz «de serle fiel a Dios».
5) Lo anterior trae una consecuencia práctica: los directores no acosan ni perturban en exceso a quien se encuentra en esta situación. Saben que el corazón les va a arrastrar fuera y no luchan en una batalla que de antemano saben perdida.
6) Por lo que es muy buena la imagen que se lleva el sujeto del comportamiento de los directores de la Obra. Siempre los considerará como muy tolerantes con él en aquellos momentos en que les planteó dejarles.
7) Como en esa crisis se entra de forma inesperada, lo normal es que la persona se encuentre en un buen momento en la Obra. La mayoría son jóvenes, no ha habido tiempo aún para que les hayan machacado las contradicciones internas del Opus Dei, las que hay entre su teoría y praxis, por lo que es inmejorable el recuerdo que le queda del tiempo vivido en la Obra.
Retrato psicológico.
Nos encontramos con una persona que se considera un Judas por dejar la Institución, cuyos sentimientos hacia el Opus Dei y a sus directores son inmejorables y en quien permanecen todos los miedos, culpas, fobias y temores que allí le inculcaron de que va a ser un desgraciado en esta vida y en la otra.
Lo anterior le lleva a sufrir doblemente en las situaciones con las que se encuentra. Lo malo, que inevitablemente aparece en todo mortal, él lo considera como un castigo de Dios por haberse salido de la barca del Opus Dei; y no disfruta lo bueno porque está a la espera de que se torne en una desgracia, ya que Dios le tiene que castigar por haber abandonado la vocación al Opus Dei.
Se cumple en estos casos el síndrome de Estocolmo (para aliviar su sufrimiento el secuestrado se pone de parte del secuestrador). Toda esa tensión hace que el sujeto busque obtener la clemencia de Dios a su gran traición pegándose a quien piensa que traicionó, lo que se traduce en un fanatismo por la Obra, a comportarse como unos «forofos supernumerarios externos del Opus Dei», esto es, a llevar el plan de vida de la Obra, a dar charlas en las parroquias sobre métodos anticonceptivos naturales, a vivir la sexualidad neurótica que le imbuyeron allí, a cooperar con fuertes sumas de dinero en las actividades del Opus Dei, a llevar a sus hijos desde una edad muy temprana a los clubes de la Obra; a pedir, casi de rodillas, que el Opus Dei les readmita de supernumerarios… El mayor gozo interior para estas personas es que sus hijos se hagan del Opus Dei, pues sienten que a través de ellos se redimen ante Dios de su gran traición. Ellos pueden rezar algo parecido a lo siguiente: Señor, no te fui fiel pero he sido capaz de educar a mis hijos para que te sirvan en la Obra y ya ves que tres de los cuatro que tengo son numerarios. Perdona de una vez por todas mi pecado de traición cuando por debilidad eché por la borda esa maravillosa vocación al Opus Dei que me concediste y no me condenes por ello al Infierno…
En mis 35 años en el Opus Dei he conocido a muchos fanáticos, pero los que se llevan la palma son los ex numerarios / ex agregados que dejaron la Obra por la razón que hemos tratado aquí: los que se fueron por el corazón.
Hemos estudiado el prototipo puro. Por supuesto hay muchas escalas que en muchas ocasiones dependen de la reacción de su pareja ante tal situación. Conozco a un ex agregado a quien su ahora mujer le exigió para casarse con él que abandonara su obsesión por el Opus Dei, que diera limosnas a cualquiera menos a la Obra, que a sus hijos los llevarían a colegios no manipulados por el Opus Dei, etc.; y con esas presiones tan sensatas ha logrado desprogramarle bastante de las mentalizaciones de la Obra. Pero una situación semejante provoca en muchos otros casos grandes tensiones familiares y muchas veces la ruptura de la pareja.
Algunas personas se sienten confundidas cuando leen nuestras acusaciones ya que a la vez escuchan otras voces de ex del Opus Dei hablando maravillas sobre él (pero siempre con opiniones generales, nunca demostrando la falsedad de lo que denunciamos). Muchos de ellos pertenecen a este grupo, los que se encuentran bajo un síndrome de Estocolmo brutal hacia el Opus Dei a quien defienden a muerte a pesar de haberles hecho tanto daño (algo que ellos son incapaces de ver). Hay una pregunta muy simple para descubrir si estamos ante alguien de este colectivo. Basta preguntarles si por enamorarse de una mujer / un hombre fue por lo que él / ella dejó del Opus Dei. Si la respuesta es afirmativa nos encontramos con uno de estos, los que yo designo como los «forofos supernumerarios externos del Opus Dei», quienes han dejado la Obra con el cuerpo, mas no con la cabeza, que aún la tienen dentro, y muy atascada.
Como bibliografía cito dos escritos que muestran muy bien este prototipo de personas. El primero se ha publicado en este Blog: Dios No Castiga Por Dejar El Opus Dei. Consuelo e Iván (23 de diciembre de 2006). El otro en Opus Libros: Relaciones Enfermizas Con La Institución. Maria Cristina, (13 de octubre de 2004). 




Febrero 6, 2007 a las 6:33 pm
Hola Iván,
Felicidades por esta nueva gueb exopus.
Solo quería discrepar de este último apunte: Yo estuve más de 15 años en la Cosa, y mi salida se produjo por un arrebato del corazón.
Sin embargo, ni quise en su momento ser cooperador, super ni mediopensionista, ni lo quiero ahora, ni lo querré. Tampoco tengo ninguna intención ni ilusión en que mis hijos piten de nada, y ya me encargaré yo de que así sea.
Sigo siendo católico practicante, de misa dominical, bendición de mesa y lo justo más. Pienso que no soy una excepción. No creo que el común de los exnumes sea sujetos del síndrome de Estocolmo: habrá de todo.
En lo que sí he tenido suerte es que en mi vida he tomado ni precisado una sola pastilla antidepresiva o similar. Siempre he pensado que se llega a esas situaciones por privarle al corazón de los humanos apegos que precisa, que en la Cosa están prohibidos. Yo siempre mantuve esos “apegos”, mediante amigos de verdad de fuera de la Cosa, y “amistades particulares” dentro. Me hacía falta como el respirar.
Cuando mi media naranja se cruzó en mi camino (pienso que Dios nos había destinado el uno al otro), simplemente la manzana maduró y calló del árbol.
Animo con la página.
Flanpan
Febrero 7, 2007 a las 1:50 am
Estimado Flanpan:
Ante todo gracias por tu aportación.
Me alegro mucho de que tu salud no haya sido dañada por la Obra y de que seas tan feliz por haber encontrado a la mujer de tu vida. De verdad que me alegro.
Los médicos dicen que no hay enfermedades sino enfermos para hacer ver que cada caso es distinto a los demás e imposible de meter en el apartado de una clasificación.
En el tema de la salida de la Obra ocurre lo mismo, ya que en cada persona se da un cóctel de muchas facetas (enamoramiento, que le echan, corazón destrozado, enfermedad, cabeza desprogramada…).
Existen libros con la enumeración de los modelos puros de cada enfermedad (a pesar de no haber enfermedades sino enfermos) para que los facultativos puedan descubrir la patología subyacente en la individualidad de cada persona. Algo semejante intento yo con estos trabajos: mostrar los prototipos de quien deja la Obra, con la idea clara de que en estado puro se dan en muy pocas ocasiones, mas nos sirven para “diagnosticar la patología” de cada situación.
No obstante, por lo que cuentas en la carta, me parece que tu caso no se encuadra en lo tratado en mi escrito de un joven que se enamora estando en la época de mayor ilusión en el Opus Dei, tal y como yo señalo: «lo normal es que la persona se encuentre en un buen momento en la Obra. La mayoría son jóvenes, no ha habido tiempo aún para que les hayan machacado las contradicciones internas del Opus Dei, las que hay entre su teoría y praxis, por lo que es inmejorable el recuerdo que le queda del tiempo vivido en la Obra».
Veamos tu situación:
1. Llevabas «más de 15 años en la Cosa» (no es muy factible que fuera la época de ilusión juvenil).
2. El choque entre la teoría y la praxis de la Obra ya te había afectado (te llevaba a mantener una doble vida, o a convivir con compensaciones no permitidas), puesto que dices «yo siempre mantuve esos “apegos”, que en la Cosa están prohibidos, mediante amigos de verdad de fuera de la Cosa, y “amistades particulares” dentro. Me hacía falta como el respirar».
3. Supongo que cuando te fuiste debías tener el corazón bastante lejos del Opus Dei, pues cuentas que «no quise en su momento ser cooperador, super ni mediopensionista». Quien siente afecto por la Institución cuando la deja no presenta ese rechazo a seguir ligado de alguna manera a ella.
4. Creo que das en el clavo cuando concluyes que «Cuando mi media naranja se cruzó en mi camino […] simplemente la manzana maduró y calló del árbol». ¡Eso es!, hay todo un proceso de maduración en el rechazo al Opus Dei, y el punto final se produce con tu enamoramiento.
Desde luego, estoy de acuerdo contigo en que no son forofos o fanáticos del Opus Dei todos los que están fuera de él porque se enamoraron de alguien. Pero también es verdad que todos los que conozco que lo son, dejaron la Obra por esa causa.
Con afecto, Iván.